Pablo Sabat: “La OSNJ está demostrando su capacidad”

En los últimos años el país ha sido testigo de la evolución artística del importante grupo de jóvenes que conforma la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil – Bicentenario. Este elenco dirigido por el maestro Pablo Sabat representa a la nueva generación de músicos peruanos que pronto dará que hablar por sus capacidades interpretativas, tal como demuestran en las diversas presentaciones que han tenido junto a importantes solistas internacionales.

Todo esto ha tenido una respuesta favorable de parte del público limeño que ha asimilado la evolución de este elenco nacional y hay cifras que lo respaldan. De acuerdo con la Memoria 2013-15 presentada por la administración Álvarez-Calderón (Humala), la asistencia de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil es la que más ha crecido en los últimos años respecto al periodo 2008, 2009 y 2010, alcanzando una nada despreciable cifra de 17 mil 433 asistentes. ¿A qué se debe todo ello? A un trabajo paciente y sistemático que el maestro Sabat nos ha explicado en exclusiva.

La Sinfónica Juvenil ha evolucionado artísticamente desde que usted empezó a trabajar con esta orquesta en 2010, ¿podría contarnos un poco más sobre esta etapa?
Ha sido bien interesante. Antes de 2010 sé que hubo problemas, no se sabía si la orquesta iba a sobrevivir o no, pero desde ese año empezamos a trabajar de a pocos. Con los instructores pensamos en la forma en que debía construirse una orquesta, primero con repertorio básico, barroco y poco a poco con retos mayores. Hemos ido seleccionando el repertorio de manera que las dificultades vayan creciendo y el nivel también. En el camino, hemos tenido problemas económicos, pero los muchachos continuaron yendo a pesar de los problemas, siguieron trabajando y todo ha dado sus frutos. En los últimos tres años y un poco más, el nivel de la orquesta ha mejorado sorprendentemente porque también es una suma de esfuerzos. No solo el trabajo de los instructores o el mío, está también el talento de los chicos y las ganas que le ponen a las cosas. Por ejemplo, en las últimas semanas hemos estado trabajando el Ciclo Beethoven, yo creo que va a ser muy, muy bueno. Hay una búsqueda de sonidos y colores que no es tan normal en orquestas juveniles y tampoco en nuestro medio.

¿El rango de edad de los integrantes de la OSNJ se mantiene entre los 14 y 25 años como señalan los documentos oficiales del Ministerio de Cultura?
En realidad es algo mayor. El límite máximo es de 30 años y en otras partes del mundo alcanza los 35, o sea tan juveniles ya no son.

¿El miembro más joven de la orquesta cuántos años tiene?
El más joven debe tener 16 años aproximadamente.

Entonces, ¿muchos aún estudian y otros son graduados?
No estoy siguiendo mucho esto porque últimamente sé que varios se han graduado en el Conservatorio. Uno de ellos sacó su licenciatura, participó en una audición y ganó un puesto en la Orquesta Sinfónica Nacional. Pero creo que debería actualizarme en esa información.

Le hago estas preguntas porque constantemente se ha escuchado a académicos y otras voces autorizadas del ámbito musical que se mostraban un poco desconfiados con los resultados de las orquestas juveniles porque podrían promover la deserción estudiantil, teniendo en cuenta que “ya tocan en un elenco y pueden aprender más en el campo que en las aulas”. ¿Cómo hacen ustedes para equilibrar su trabajo con el aprendizaje de los jóvenes?
Siempre he visto a la Juvenil como un complemento de la formación de los muchachos. Nunca he querido verlo como competencia, porque la Juvenil no hace más que desarrollar, que es bastante, la dimensión de la práctica orquestal y de cámara en los músicos. Es algo eminentemente práctico. Nosotros no damos cursos de análisis, teoría, historia; eso nunca se ha pretendido, ni tampoco que la orquesta ni que el ministerio sea un conservatorio, como sí pasa con la Simón Bolívar, por ejemplo, que tiene su propio conservatorio. Entonces, por ahí no va la cosa.

Además, la Juvenil está demostrando su capacidad. Muchas veces la idea de que es una orquesta juvenil crea o provoca una especie de rechazo entre el público porque, por muchos años, han existido orquestas juveniles que no han tenido capacidades de dar buenos resultados musicales y por ello, de alguna manera, se piensa que una orquesta juvenil no puede sonar bien.

Muchos profesores, de hecho uno de ellos que también es instructor de la orquesta, tenían ese rechazo. Algunos prohibían a sus alumnos a ir a las orquestas juveniles, pero yo creo, quiero pensar, que el trabajo que hemos hecho está dejando resultados que antes no se han visto y poco a poco la gente lo va notando. Se dan cuenta de que hay una buena Orquesta Nacional Juvenil con buenos resultados y con solistas internacionales de altísimo nivel que han participado con nosotros.

Hace poco leí que alguien dijo que el Estado no tenía capacidad para lograr resultados artísticos musicales satisfactorios, pero estoy seguro de que esa afirmación no la compartirían artistas como Gil Shaham, Sarah Chang, Philip Setzer o Joaquín Achúcarro, con respecto a la OSNJ.

Muchas veces ves que se forman orquestas, que hay orquestas juveniles, pero el hecho de que se sienten a tocar juntos no los convierte en una orquesta. Siempre digo eso. Se llamará orquesta, pero solo son cincuenta o sesenta chicos sentados juntos tocando notas. No tocan como orquesta, no escuchan al otro, no hay una visión.

Sin duda, eso toma mucho tiempo…
Mucho. De hecho cuando entré al ministerio dije “este es un trabajo de largo plazo”, ni siquiera de mediano plazo, sino de largo plazo. Fue una maravilla que el Ministerio hiciera caso y no tratara, como pasa mucho en el país, de explotar este trabajo antes de tiempo. Entonces, la orquesta viene a ser un espacio en que los estudiantes que tienen nivel pueden mejorar, complementar y desarrollar esa parte de la formación que es fundamental.

Creo que todavía prima mucho en este país la idea de que la meta del estudiante es llegar a ser un solista internacional y eso, como decía Leon Fleisher, solo uno en un millón lo logra, si es que lo hace. Eso ya no es real. En el mundo de hoy, y pasa en todas partes, los estudiantes de música se dedican a hacer música de cámara y a tocar en orquestas, y todas tienen un nivel extraordinario. Y si uno está en un grupo de cámara, también puede estar en otros y además en una orquesta. Eso es lo mismo que debería pasar aquí. Entonces, por ese lado incidimos nosotros, en hacer música de cámara. De hecho tuvimos el Festival Mozart y ahora se viene el Festival Beethoven en octubre, solo música de cámara, cuartetos, vienen artistas importantes incluso del Cuarteto Emerson.

Pablo Sabat junto a los instructores e integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil - Bicentenario (Fotografía: Ministerio de Cultura)

Pablo Sabat junto a los instructores e integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil – Bicentenario (Fotografía: Ministerio de Cultura)

¿Podría explicarnos un poco más sobre la metodología que sigue la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil?
Tenemos una metodología precisa, es raro que nos sentemos todos juntos a leer una obra por primera vez. Todo lo preparamos por filas y no quiero decir que en tres o cuatro ensayos parciales ya es definitivo, nosotros nos juntamos cuando cada fila está preparada. A veces los instructores dicen que ya tenemos que juntarlos a todos, pero en algunos casos no se puede porque hay una fila que necesita pulir algunas cosas. El trabajo va en detalle desde abajo. Cuando pones a toda la orquesta junta hay detalles que se pierden porque se tapan con otros.

También es importante el repertorio que se escoge. Si pones una sinfonía de Tchaikovsky, siguiendo la metodología venezolana que prefiere obras grandes y brillantes, muchas veces no puede ser bueno para la orquesta porque los chicos necesitan aprender a escuchar y cuando hay demasiado sonido, donde hay demasiados instrumentos que tocan las mismas líneas es muy fácil esconderse en eso y no tocar. Pero cuando seleccionas clásicos como Mozart, Haydn o Beethoven, donde las líneas están desnudas, pues necesariamente se tienen que escuchar; no se pueden esconder en ninguna parte. Si una fila o un instrumentista toca desafinado lo notas; entonces por ello es obligatorio trabajar en profundidad.

Así es como han trabajado incluso en el terreno operístico, imagino, porque ustedes han participado en una producción de Las Bodas de Fígaro y esta ópera no es nada sencilla ni para solistas ni para orquesta…
Claro, hacer Bodas fue muy interesante porque recuerdo que uno de los instructores me dijo que eso les servirá para la técnica. Y mira, yo no soy de triunfalismos, pero el resultado fue bueno porque lo que vino después fue un salto enorme de técnica.

¿Seguirán trabajando ópera?
Sí, está pensado hacer algo de ópera el próximo año. Todavía no se sabe qué. También pensamos hacer ballet. De hecho, el Ministerio de Cultura tiene planes muy ambiciosos para los próximos años con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil.

¿Cómo cuáles?
No me pidas más detalles, será sorpresa (risas).

A lo largo de estos años el público de la OSNJ también ha crecido, ¿tienen alguna estrategia a nivel programático, por ejemplo, para seguir fidelizando a su público y mantenerlos convencidos de que la Juvenil continúa desarrollando su nivel artístico?
Mira, el hacer las sinfonías de Beethoven es un poco de eso. Nada ha sido gratis. No solo lo hacemos porque es bueno para la orquesta, sino también para la audiencia. Y creo que el público lo recibe muy bien. Nos hemos basado en el resultado y experiencia del Todo Mozart de febrero. En ese momento salió la idea de hacer un Todo Beethoven, pero no las sinfonías. Cuando se dio la oportunidad, pensamos en hacerlas y creo que puede ser exitoso, porque además hace muchos años que no se hacen las sinfonías de Beethoven completas y en corto tiempo en Lima.

Incluso aquí los llamados “ciclos” se alargan demasiado, por ejemplo el de Mahler que se está extendiendo más allá de tres años.
Claro, Mahler es mucho más complejo.

Pero debería complementarse, ¿no? Con orquestas invitadas, por ejemplo…
Eso sería interesante. Pero respecto a Beethoven, nosotros buscaremos cosas nuevas en su música. Estoy tratando de seguir los tempos de Beethoven; la claridad, la expresividad de esa música no se aprovecha, no se destaca muchas veces esos cambios de dinámicas, esa violencia. Creo que en el Perú ha influenciado mucho la forma en que se dirigía a Beethoven durante el siglo XX, como lo hacía Furtwängler, por ejemplo, y todos los que vienen de la concepción wagneriana de Beethoven, que para mí es equivocada. No estoy diciendo que Furtwängler no haya sido un gran director, de hecho lo fue; pero concebir a Beethoven desde Wagner es un error. A Beethoven hay que verlo desde el barroco, desde Haydn y Mozart, que son justo los que están detrás de él. No puedes ver a Beethoven como Wagner porque cuando Beethoven vivía, Wagner aún no existía y hubo todo un proceso histórico que cambió la percepción de la música. En este ciclo lo que trato de hacer es acercarnos a Beethoven desde atrás en el tiempo.

Entonces escucharemos al Beethoven más clásico y en transición al romántico, en lugar de un sonido inmenso o wagneriano
Sí claro. Además la OSNJ no es grande, no tiene muchos integrantes y quiero que así se quede para Beethoven. De hecho, para la Novena probablemente buscaremos algunos apoyos, pero no tantos. No quiero que sea una orquesta gigantesca, ya lo hicimos una vez con la Orquesta de Arequipa y fue una buena experiencia, pero esta vez no quiero una orquesta ni coro grandes, porque es una forma más cercana de lo que había en la época de Beethoven y es lo que no estamos acostumbrados a escuchar.

¿Habrá una interpretación historicista incluso en afinación?
No, no, afinación tampoco. Esto es una especie de negociar el asunto porque no tenemos instrumentos originales, ni copias, ni nada. No tenemos las trompetas naturales, entonces solo nos acercamos al estilo con las posibilidades que tenemos. Es como tocar Bach en piano, ¿qué vas a hacer?, ¿si no tienes clavecín no vas a tocar? No pues, tienes que hacerlo y acercarte lo más posible al estilo.

La OSNJ interpreta el Concierto para Piano de Grieg junto a Joaquín Achúcarro (Fuente: YouTube).

Hablemos también de la Orquesta Sinfónica de Arequipa de la cual también es director titular, ¿cómo va el trabajo con este elenco?
He tratado de usar los mismo criterios, pero con mayor velocidad en el tiempo porque son músicos mayores y profesionales. Desde el principio hemos hecho mucho clásico y también están escuchándose unos a otros. Recuerdo que después del primer concierto me contaban que ellos no tenían ni idea de qué es escuchar al otro, entonces desarrollar esa capacidad ha tomado tiempo. La orquesta ha avanzado muy bien y se ha hecho un repertorio en orden cronológico, mucho Mozart, todo Beethoven, Schubert, que son compositores que “limpian” a la orquesta. También hemos hecho Brahms; acaban de tocar la Sinfonía del Nuevo Mundo, la Segunda de Schumann, queremos hacer la Cuarta, que es sumamente difícil, que pertenecen al repertorio estándar, podría decir alguien, pero para Arequipa es importante seguir ese proceso, y al igual que el Beethoven de ahora, hay que tocarlas con resultados distintos, que muestren que la orquesta tienen más cohesión que antes. El impulso y esfuerzo que ponen los músicos es importante. Ellos tienen mucha pasión por la música.

Me interesa el comentario que acaba de hacer respecto a que los músicos “no tenían ni idea qué es escuchar al otro”. A nivel regional, y no creo que sea prejuicio sino que es la realidad, la educación artística no es buena. Usted que conoce en profundidad la realidad del interior del país, ¿qué falta a nivel de educación artística y profesional?
Yo creo que no solo es regional, sucede en todo el país. Tú sabes que yo estudié en Venezuela, entonces siempre hago el paralelo y pregunto ¿qué pasó aquí? Porque la Sinfónica de Venezuela tuvo muchos músicos europeos como lo tuvo la Orquesta Sinfónica Nacional aquí. Europeos y sudamericanos que tenían un nivel extraordinario. Muchos de esos músicos dejaron escuela en Venezuela y aquí no pasó eso. Alguien se molestará porque diga esto pero, por ejemplo, en Venezuela tenías al oboísta argentino Lido Guarnieri o el fagotista uruguayo Filiberto Núñez que crearon la escuela de su instrumento en Venezuela. En clarinete estaba Mark Friedman de Estados Unidos, que tocó el concierto de Copland dirigido por Copland (En Nueva York, 1980. Nota del editor); la escuela de violín del sistema de orquestas lo creó el venezolano José Francisco del Castillo que estudió en Juilliard con Galamian (mismo maestro de Zukerman, Perlman, Bell, entre otros. N.d.e.). Guarnieri también fue integrante de la Filarmónica de Israel. Núñez tiene dos hijos y uno de ellos es fagot principal de la Concertgebouw. Entonces te das cuenta que todos ellos dejaron una escuela importante de su instrumento y aquí no pasó eso. ¿Por qué? No tengo idea. Yo creo que faltan figuras. Le duela a quien le duela, faltan figuras que vengan de fuera que tengan una formación lo más completa posible en todo, no solo técnica sino estilística, práctica orquestal, de cámara, que formen escuela, que eduquen a una cantidad de músicos que puedan desparramarse por el país. Pero ahora no pasa.

¿Los músicos peruanos están capacitados, preparados, para enseñar a nivel profesional a otros músicos?
Yo creo que bastante sí, pero sería deseable refrescar (conocimientos) por parte de gente que realmente esté metida en la forma de entender la música. Hay cosas que han cambiado últimamente. El estudio musicológico de los estilos o de la interpretación, por ejemplo, y es algo que está salpicando poquito por acá. Aquí siempre han llegado las cosas tarde. Pero en Europa y Estados Unidos hay movimientos que buscan eso y tienen un conocimiento que aquí no ha llegado.

En alguna biblioteca de música de Estados Unidos tú puedes ver la cantidad de estudios que hay y es impresionante. Recuerdo haber encontrado una monografía sobre los coros y órganos de iglesias de los pueblos de Italia en la época de Monteverdi. ¿A quién se le ocurre una cosa así aquí?

No hay una curiosidad académica por investigar, ¿cierto?
Exacto. No hay. Todo el asunto musicológico está más encaminado a la etnomusicología, que está bien. Es importantísimo porque hay que estudiar la música del Perú, pero del otro lado, que no por “no ser del Perú” hay que descartarlo, está muy descuidado.


El Ciclo Beethoven empezó el domingo 14 de agosto y terminará el próximo martes 13 de diciembre con la presentación de la Novena Sinfonía de Beethoven. Todas las funciones son en el Gran Teatro Nacional. *Editado el 11 de diciembre a las 18:00. 

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