Javier Perianes sobre el poder de la música

El pianista onubense Javier Perianes se presenta este 13 de mayo en el Auditorio Santa Úrsula invitado por la Sociedad Filarmónica de Lima. Entradas en Teleticket.

El pianista onubense Javier Perianes se presenta este 13 de mayo en el Auditorio Santa Úrsula invitado por la Sociedad Filarmónica de Lima. Entradas en Teleticket.

Por Pablo Macalupú-Cumpén

El pianista español Javier Perianes es considerado como uno de los artistas más importantes del momento. En 2012 el Ministerio de Cultura de su país le entregó el Premio Nacional de Música, en la categoría interpretación, que también ha sido otorgado a leyendas como Montserrat Caballé, Alicia de Larrocha, Andrés Segovia, Joaquín Achúcarro, Teresa Berganza y Jordi Savall (aunque este último lo rechazó en protesta por el pobre apoyo del Gobierno Español a la música).

Perianes ya está en Sudamérica, pero conversamos con él hace algunos días luego del segundo concierto de su gira en The Frick Collection de la Ciudad de Nueva York. La Colección Frick es un museo de arte ubicado en Manhattan cuyas paredes y espacios muestran obras destacadas de grandes maestros europeos, así como alfombras de oriente y selecciones de pequeñas esculturas de bronce. Según el pianista onubense, este entorno generó una atmósfera mágica para el recital. Antes de Nueva York estuvo en Washington, luego pasó a Vancouver y el 6 de mayo ofreció un recital en San Francisco.

Esta semana ha sido el turno de América del Sur empezando el 9 en Quito, continuando el 10 en Medellín, este jueves 11 en Bogotá, antes de su visita a Lima, para el recital que ofrecerá este sábado 13 en el Auditorio Santa Úrsula, como parte de la Temporada de Abono de la Sociedad Filarmónica de Lima. Perianes continuará luego en Chile y cerrará en el mítico Teatro Colón de Buenos Aires.

Con esta gira, el maestro promociona el reciente lanzamiento de su disco para el sello Harmonia Mundi, que incluye dos obras de Franz Schubert, la Sonata para Piano en La mayor D. 664 y la Sonata en Si bemol mayor D. 960, la última compuesta por el austriaco semanas antes de su muerte, y una de las más grandes obras para piano solo del período clásico – romántico. Esta podrá escucharla en el recital de este sábado.

Maestro, respecto a Schubert, este es un compositor que ha estado muy presente en su trayectoria. Hablemos de la Sonata D.960, una obra madura pese a que su autor murió joven.
Bueno, él a las seis semanas de compuesta la 960 muere, pero si consideramos la madurez como un elemento cercano al deceso de una persona, en este caso Schubert, pues está claro que estaba finalizando su vida; no obstante, si hubiera vivido 20 o 30 años más, no hablaríamos de la D.960 como una sonata de madurez. Pese a ello, el mensaje, la trascendencia y la profundidad de la obra nos hablan de un compositor en plena madurez, con 31 años. Tenemos que relativizarlo absolutamente todo en el caso de Schubert porque la producción en tan poco tiempo es tan ingente y tan brutal que debemos relativizar el tema de la muerte prematura, la madurez y el tema de cuánto de maduro es un compositor en función de la edad que tiene y de la cercanía al momento de su desaparición. Evidentemente esta es una obra trascendente, una obra para toda la vida, y una de las cumbres para el piano clásico romántico de toda la historia.

¿Y cómo definiría el nivel de profundidad que alcanzó Schubert con esta obra?
No me atrevería a dar un veredicto sobre el grado al que llegó Schubert. Obviamente, hay que analizar la obra de Schubert desde sus principios como compositor, que no era muy joven, sino jovencísimo, hasta su muerte, pues en la D.960, los últimos tríos, las últimas cosas que compone notamos que todo es resultado de un proceso evolutivo, de muchísimas influencias y yo diría de la estilización del propio estilo schubertiano. Desde un inicio más cercano y próximo a los presupuestos clásicos hasta un final mucho más aquilatado mirando casi de frente al romanticismo. En esta sonata ese último Schubert es una evidencia. Es largo en cuanto al proceso, pero corto en el número de años, eso está claro.

El programa que presentará en Lima también incluye obras de Manuel de Falla, Claude Debussy e Isaac Albéniz. En lo que al repertorio español se refiere (De Falla y Albéniz), podemos encontrar a Alicia de Larrocha entre sus más grandes exponentes. Usted llegó a conocerla y recibió algunas clases de ella. ¿Qué podría comentarnos de aquellas enseñanzas?
Curiosamente, ayer estuve viendo con mi esposa un reportaje que le acaba de dedicar la televisión española. Se llama “Las manos de Alicia”. Por encima de ser una intérprete española de fama internacional y una artista que dio lustre y llevó con enorme orgullo a la música española a todos los rincones del mundo, estamos hablando de una de las pianistas y músicos más trascedentes de todo el siglo XX. En ese documental hablan artistas como André Previn, Gerard Schwarz y muchísimos otros músicos de primerísimo nivel, todos comentando de sus (interpretaciones de) Mozart, Schumann, Rachmaninov, Beethoven, además de la música española que era parte de la trayectoria de Alicia de Larrocha de manera indiscutible, claro que sí.

Mi contacto con la maestra fue bastante corto y escaso. Yo la conocí cuando era ya bastante mayor, estaba retirada de los escenarios, prácticamente. Tuve la oportunidad de tocar para ella un par de obras en una o dos ocasiones, poco o nada más. No me puedo considerar ni discípulo, ni alumno, ni descendiente, ni nada de eso porque no tuve un contacto con ella lo suficiente, pero como pianista español y como admirador suyo creo que hay que quedarse con ese mensaje: Que Alicia de Larrocha fue una enorme defensora del repertorio español de gran calidad en todos los rincones del mundo, pero también fue considerada por sus grandes colegas como Vladimir Horowitz, Arthur Rubinstein, Martha Argerich, Maria João Pires, como una de las grandes pianistas del siglo XX.

¿Cómo hacer para que este género musical que tanto disfrutamos llegue a más personas?
Es una cuestión de cultura, no depende del mensaje de un periodista o de un intérprete, es una cuestión de educación básica y fundamental. Es decir, cuando somos pequeños a nosotros en las escuelas nos enseñaron algebra, matemática, geografía, lengua, literatura; entonces, ¿por qué no música? Y no hablo de música clásica, sino de música de cualquier género. Las personas se pueden acercar a la música con mayúsculas desde cualquier óptica, desde el jazz, la clásica, el flamenco, la electrónica, el rock, el pop, todo eso. Pero (lo importante es) que haya un conocimiento profundo desde la base de la educación. Permitir al joven escoger desde el conocimiento, no desde la ignorancia.

Creo que la clave está en la educación. La música como elemento global que forme parte del currículo y de la formación básica y fundamental de un joven cuando se acerca a la cultura en la escuela. Yo creo que esa es la única manera que, desde el principio, al menos el joven tenga la opción de escoger y decidir entre un abanico de posibilidades musicales, culturales y de índole formativa.

¿Por qué cree que se esté olvidando el tema de la cultura como base en la educación?
No lo sé, creo que nunca ha sido una prioridad. Este tipo de disciplinas en la educación básica es fundamental. No es que se esté olvidando, es que nunca fue una prioridad. Nunca nos hemos dado cuenta de que la cultura con mayúsculas hace a un ser humano más dialogante y más comprensivo, más tolerante y cercano de poder hablar con otros de tú a tú, y de solucionar un problema simplemente con la palabra, con la cultura que es la palabra también.

La paciencia, el silencio y la reflexión no son mejores aliados de la inmediatez de este mundo, en el que todos queremos algo de un día para otro, de manera rápida.

Y ya que hablamos de silencio, cuando usted interpreta una obra ¿le molesta los aplausos entre movimientos?
Me da exactamente igual. Yo pienso que el público puede expresarse de manera cariñosa y entusiasta si lo sienten así cuando ellos lo crean oportuno. En mi caso particular, cuando alguien ha aplaudido entre movimiento y movimiento lo que hago es no levantarme, pero lo que digo con el mensaje corporal es no he terminado la obra. Sin embargo, me parece estupendo que una persona aplauda entre movimientos si lo que ha escuchado le ha causado una honda emoción, por qué no. ¿Dónde lo ponen? ¿En qué tratado histórico dice que no se puede aplaudir entre movimientos?

En la ópera cuando un tenor, una soprano o una mezzo finaliza un aria y alguien se ha conmovido profundamente, que aplauda no hay ningún problema, se espera y luego se sigue adelante. Ya está. Yo insisto, lo único que puedo aportar desde el escenario es que cuando uno no se levanta lo que dice es: “sigo, la obra continúa”, pero me parece bien. En ningún momento se me ha ocurrido ni voy a reprender a nadie por un acto tan natural como es premiar la emoción o la satisfacción que le produce a uno un sonido o un canto.

Incluso hay cartas de Mozart a su padre comentándole que él escribía determinados pasajes musicales para que lo aplaudan y no necesariamente lo hacía al final de la obra.
Exacto, ¿por qué no?

Javier Perianes y Pablo Heras-Casado interpretan Bartok junto a la Filarmónica de Múnich.

Javier Perianes y Pablo Heras-Casado interpretan Bartok junto a la Filarmónica de Múnich.

He leído en varias oportunidades que usted quería ser periodista…
De hecho, me interesó mucho el derecho y también el periodismo, pero mi vocación siempre ha sido la música. Me interesa mucho el debate político, cultural, científico y también el deportivo. Todo tipo de periodismo me ha llamado siempre muchísimo la atención y el comunicador siempre ha sido un personaje atractivo para mí. Sin duda.

Efectivamente. Y la música es otra forma de comunicar. Pero todo esto me hace pensar que usted tampoco es ajeno a lo que ocurre en el mundo y, sobre todo, no siente temor de expresar sus opiniones. Estamos en un contexto complicado, por ejemplo con Venezuela o los problemas de inmigrantes de Oriente Medio hacia Europa y usted me hablaba de la cultura y la música, específicamente, como una herramienta para ayudarnos a solucionar problemas…
Más que para solucionar, diría que para llegar a entenderse. Solucionarlo depende de los interlocutores. Pero no hablo solo de la música, sino de la cultura en general como bien dices tú. Y es porque, insisto, una persona que se sienta a escuchar un recital o que se sienta a ver una ópera, lo que tiene que hacer es tener cierta receptividad. Se sienta y guarda silencio. Escucha. Admite algo que le está viniendo desde afuera. Eso ayudaría muchísimo para que dos personas que tienen diferencias políticas o a otros niveles se puedan sentar y, con el diálogo, con la palabra, puedan solucionar algún problema, antes de llevar a una confrontación a dos países o partidos políticos.

Yo siempre pienso que el arma más poderosa que tiene el ser humano para solucionar cualquier conflicto es la palabra, la discusión, el diálogo, pero un diálogo constructivo y amable en que uno entienda el punto de vista del otro. Que tenga la capacidad de ponerse en el lugar del otro y obviamente cuando hay diferencias difíciles o irreconciliables, pues saber ceder por una parte y por la otra llegar a un punto intermedio en el que se encuentra la perfección, siempre en la justa medida, en el centro, ni muy a la derecha, ni muy a la izquierda. Yo creo que ahí está la base del diálogo social.

Maestro, ¿ha explorado repertorio contemporáneo, está presente en sus programas y giras?
Sí. Hace un par de años estrené la obra de un compositor español. He tocado música contemporánea también con un cuarteto de cuerdas, para piano solo, entre otros, pero los compromisos te llevan de un lado a otro y no ha sido posible llevarlo a un repertorio más actual.

¿Y de los compositores que siempre sigue, tiene algún favorito? ¿Schubert quizás?
No, de hecho no hay favorito. Schubert es un compositor con el que tengo una relación muy especial porque lo estoy tocando en este momento. Mis compositores favoritos ahora serían Schubert, De Falla, Debussy y Albéniz que es la música que me lleva por Norteamérica y Latinoamérica. Y si los próximos compromisos están dedicados a Mozart, pues ese será mi favorito, porque uno se debe al compositor y la música que interpreta.

A propósito, ¿a quién dedicará su próximo álbum?
Yo creo que será un disco dedicado a Bartok. Se grabó el pasado mes de septiembre en Múnich con la Filarmónica de esa ciudad dirigida por Pablo Heras-Casado. En el disco está el tercer concierto para piano y orquesta de Bartok y saldría en torno a febrero de 2018, previo a una gira con la misma orquesta y Heras-Casado con este mismo repertorio.

A lo largo de su carrera, ¿qué artistas le han inspirado más?
Muchísimos… si empezamos ahora no terminamos en dos horas. Tengo una capacidad extraordinaria para mirar a otros colegas. Uno aprende muchísimo de otros pianistas. Antes hemos hablado de Alicia de Larrocha, pero podría mencionar también a Murray Perahia, Daniel Barenboim, Emmanuel Ax, Grigory Sokolov, Maria João Pires y puedo seguir así ad eternum, porque cada uno tiene un mensaje, una personalidad muy definida, una manera de entender la música y la vida de una forma particular. Todos tienen algo que decir desde el punto de vista emocional y eso siempre me interesa.

Recomendamos:

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.

%d bloggers like this: