Maxim Vengerov, el prodigio del violín en Lima

Maxim Vengerov tiene un violín "Ex-Kreutzer" creado por Antonio Stradivari en 1727 (Fotografía: Benjamin Ealovega)

Maxim Vengerov tiene un violín “Ex-Kreutzer” creado por Antonio Stradivari en 1727 (Fotografía: Benjamin Ealovega)

Por Pablo Macalupú-Cumpén (@PabbloMC)

Tocar emociones en el siglo XXI parece una tarea muy complicada a menos que seas Maxim Vengerov (Siberia, 1974). A través de su violín, el artista ruso es capaz de llevar al público al límite de las sensaciones, ya sea con obras de gran lirismo y belleza o aquellos endemoniados trabajos virtuosos que abundan en su repertorio. Para él, la música puede romper fronteras y alrededor de esta idea va la esencia de su labor como intérprete.

Cuando Vengerov llegó a Lima por primera vez en octubre de 2014, el auditorio experimentó aquel viaje, que fue de la meditación de la primera parte al paroxismo en la segunda. Esto incluso provocó que el público dejara a un lado las etiquetas de concierto para premiar con aplausos y bravos -muy merecidos- a la estrella que tenía en frente.

Han pasado tres años y Vengerov regresa al Perú de la mano de la Sociedad Filarmónica de Lima, la tan entrañable organización que es la mejor cómplice de toda la afición musical nacional y que pronto celebra 110 años de existencia. La presentación será en el Auditorio Santa Úrsula el próximo viernes 9 de junio a las 8:00 pm.

“Estoy muy emocionado de venir a Lima. Esta será la segunda vez. Me encanta el país, su cultura, su gente. La última vez tuve la oportunidad de conocer muchos sitios“, nos cuenta Maxim quien también recuerda claramente al público nacional. “La audiencia de Lima es fantástica”.

De hecho, aquella noche de 2014, el ruso fue ampliamente ovacionado. Cerca del final, antes de una de las propinas, una intrépida joven le gritó desde mezzanine “Maxim, te quiero” y alguien de la primera fila tuvo que traducirle la frase al inglés. La inusual reacción de su fan generó risas en el público y un agradecimiento sincero de parte del artista. Cuatro bises después, terminó la función, pero un grupo de jóvenes y adultos lo esperaron afuera del auditorio coreando su nombre y ovacionándolo apenas se asomó por una de las escaleras.

MÚSICA, EL ARTE DE LA COMUNICACIÓN
Como muchos de los más grandes artistas de la historia, Maxim Vengerov empezó a tocar violín desde muy pequeño. De hecho, la pasión musical viene de familia. Su padre fue oboísta y su madre era cantante y directora de orquesta. Ambos influyeron mucho en su formación. Después, su carrera fue alimentándose cada vez más con la llegada de importantes personajes a lo largo de toda su etapa de madurez.

– Maestro, ¿Cree que parte de su éxito dependió de este acercamiento temprano a su instrumento?
– El violín fue el primer idioma que aprendí, como mi lengua materna. Para mí el violín es muy natural y especial. Antes de estudiar mi instrumento me sentía muy curioso de otras formas de hacer música en profundidad. Quería ser director como mi madre que conducía una orquesta. Entonces, para lograrlo tenía que aprender a tocar un instrumento y por eso escogí el violín. Para mí tiene las cualidades del canto, lo cual me fascina. El violín realmente puede cantar e imitar la voz humana. Ahora, cuando trabajo con orquestas me ayuda mucho porque entiendo bien a tres secciones (risas).

Efectivamente, Vengerov también es director, una disciplina que lo cautivó desde siempre aunque le dedicó mayor atención a partir del 2007. Tuvo que aprovechar la pausa obligada que debió hacer en su carrera debido a una lesión en el hombro. En 2011 hizo su retorno triunfal al violín y para 2014 se graduó con excelencia en dirección de orquesta.

– ¿Cómo enriquece la dirección su interpretación del violín y viceversa?
– Antes de dirigir las grandes sinfonías de Brahms, Tchaikovsky o Beethoven te sientes diferente sobre la música porque tocas tu propia línea y no tienes que ir tan a fondo de la música. Pero cuando tienes que hacer música con orquesta, debes ser capaz de conducirte a través de toda la línea de la orquesta. Sucede también cuando se dirige ópera. A finales de año voy a dirigir Eugene Onegin de Tchaikovsky (en Australia y Rusia) y estoy seguro de que después de ello, mi interpretación del Concierto de Violín de Tchaikovsky puede cambiar debido a esta experiencia. De hecho, todo lo que hacemos en nuestra vida influye, es por ello que mientras más experiencias tenga el músico, mejor. Más rica se vuelve tu alma, tu mente y tu ejecución.

Si hablamos de influencias, Vengerov ha tenido muchos referentes y maestros entre ellos sus queridos mentores: el director de orquesta y pianista Daniel Barenboim; y el mítico violonchelista Mstislav Rostropovich. Este último, fallecido en 2007, dejó una huella muy profunda en la carrera del violinista.

– Usted apreciaba al maestro Rostropovich casi como un familiar suyo, como su abuelo, dijo alguna vez, aunque él lo consideraba un hermano…
– Sí. Él fue un gran violonchelista, pero también un maravilloso director y también un pianista fantástico; fue un gran acompañante de su esposa, que era cantante (Galina Vishnevskaya). Por supuesto que fue mi ejemplo, mi ídolo.

– ¿Cómo fue la relación entre ustedes?
– Rostropovich fue un mentor para mí. Fue mi maestro. Con él conocí a compositores fantásticos como Shostakovich y Prokofiev, con quien él tuvo mucho contacto. Para mí, disfrutar y tener el privilegio de recibir lecciones de él fue algo increíble. El maestro Rostropovich conoció y trabajó con muchos grandes como ellos, Britten, Stravinsky y tantos otros. 

Maxim Vengerov toca el Concierto para Violín de Tchaikovsky bajo la dirección de Mstislav Rostropovich.

Rostropovich también fue un artista que no dudaba al dar su punto de vista político. Fue muy severo en su lucha contra el régimen comunista soviético, de ahí que haya sido tan cercano a compositores como Dmitri Shostakovich y Sergei Prokofiev, que tuvieron problemas con Stalin. Vengerov, por su parte, también se ha interesado siempre por las causas sociales, siendo desde 1997 el primer músico “clásico” en ser nombrado Embajador de Buena Voluntad de UNICEF.

– En los últimos años vemos como UNICEF expresa su preocupación sobre el futuro de los niños en Siria, por ejemplo. ¿Cuál es su opinión acerca de la situación de los pequeños considerando el contexto global?
– Este es un tema muy complejo, ya sabes, la política también está en diversas áreas de nuestras vidas. Por ello, es importante tener dos cosas, la primera, un sueño; y la segunda, un buen gobernante. Si hay un buen gobierno y tienes sueños, puedes esperar éxito en la vida, un camino agradable. Si no es así, los niños no tendrán la oportunidad de tener un sueño. Ya vemos la experiencia frustrada de muchos en sociedades turbulentas como Siria y otras más.

Pienso que sin buenos gobiernos, sin gobiernos saludables para ellos, sería difícil. Es importante que se implementen programas para que los niños tengan una infancia normal y puedan llenar sus necesidades físicas, emocionales y desarrollar sus talentos y potenciales. Sin eso, la vida de ellos estará incompleta y siento decir que eso es lo que ocurre con un montón de niños hoy en el mundo.

Cuando viajo trato de inspirar a varios grupos, pero desearía hacer más. Al final, creo que lo más importante es que los gobiernos entiendan la necesidad de los niños. Como artista pienso que la música siempre está ahí para establecer la comunicación incluso sin palabras. La música rompe todas las fronteras y tenemos que aprender en ese sentido a usarla, a reconocer que es el lenguaje único que todos podemos entender y una fuente única de comunicación que somos capaces de usar unos con otros.

Maxim Vengerov en una de sus actividades de UNICEF (Fotografía: UNICEF)

Maxim Vengerov en una de sus actividades de UNICEF, en una zona rural de Rumania (Fotografía: UNICEF).

MÚSICA DESDE LA INFANCIA
El arte de la interpretación es algo que debe o, en la medida de lo posible, debería formarse desde una edad muy temprana. Como ya hemos indicado párrafos arriba, Maxim Vengerov empezó muy joven, a los cinco años (o cuatro y medio) y a los 10 ya era un solista en gira internacional.

– ¿Cuán importante es acercar la música a los niños?
– Pienso que es la forma más natural para expresarnos. Cuando los niños tocan música es muy importante para ellos empezar a una edad muy temprana. La mejor edad para que comiencen quizá sea cuatro o cinco, aunque también pueden empezar a los seis o siete, pero el punto es que podría ser muy tarde para convertirse en músico y llegar a saber tocar el instrumento. Los movimientos en piano o violín son pequeños y muy finos. El violín es aún más sensible, hay movimientos mucho más pequeños y estos desarrollan ciertas actividades en el cerebro de una forma rápida y positiva. Junto con esta actividad, los pequeños son estimulados por los sonidos que producen. El cuerpo, el sistema auditivo, todo está implicado. Inmediatamente, son capaces de expresar sus sentimientos y su capacidad de expresarse sin palabras. Cuando crecen, cuando se desarrollan emocionalmente, como seres humanos, entonces escuchan más allá del sonido, como leer entre líneas cuando la gente dice algo. Y no solo eso, también es importante para escuchar a los demás. De esta manera, la comunicación es más profunda y más viva la experiencia. 

Vengerov tocó en 2014 la electrizante Sonata Nº3 de Eugène Ysaÿe. Esta vez vuelve con obras de Beethoven, Brahms, Franck y Ravel.

UN PROGRAMA ESPECIAL
Para el Perú, el recital de Maxim Vengerov del próximo 9 de junio es significativo no solo por su regreso, sino también porque conmemorará los 110 años de la Sociedad Filarmónica de Lima, que se cumplen en agosto (fundación) y octubre (primer concierto). En tanto, para el ruso también será una noche especial porque incluye una de sus piezas favoritas.

– ¿Podría contarnos un poco más sobre el repertorio elegido para esta presentación?
– La elección del programa es bastante especial para mí en la segunda mitad, puesto que tenemos la Sonata de Franck, que es una de las mayores creaciones para violín y piano; junto con el Tzigane de Ravel, una pieza muy popular para esos instrumentos. Y claro, nuevamente iré con mi maravilloso pianista con quien he trabajado muchos años, Vag Papian. Estoy muy emocionado de llevar esta combinación de repertorio de música clásica-romántica. 

– Esta vez volverá a presentarnos la Sonata de Franck…
– Sí, nunca obtengo lo suficiente de esa obra (risas). 

– Una composición que fue un regalo de bodas para Eugène Ysaÿe, uno de los más importantes violinistas de todos los tiempos. Usted ha interpretado todas las Sonatas de dicho autor y en 2014 tocó la famosa Balada. ¿Estará preparando algún regalo de este compositor?
– Pues no lo sé, vamos a ver (ríe). Lo que hace especial a la Sonata de Franck también es su historia. Cuando Ysaÿe la interpretó, las luces se apagaron en pleno recital, pero ni él ni su pianista decidieron irse, prefirieron seguir adelante, con fuerza y sin luces. La audiencia describió la presentación como hipnótica y mágica. Para mí es muy especial, siempre es estupenda.

Esa misma fuerza y reacción del público es la que busca nuestro protagonista en sus recitales. Para él, la música debe transmitir un mensaje puro y energía positiva, algo que se logra también con la concentración de la audiencia.

Hace unos días, Vengerov publicó una interesante columna en Slipped Disc, el portal del veterano periodista británico Norman Lebrecht. El ruso relató el “atrevido experimento” que hizo en Tel Aviv hace algún tiempo, tocando el mismo programa en ambas partes del recital: la Segunda Partita de Bach para violín solo y la Sonata de Franck que tocará en Lima; además, el auditorio estaba casi en penumbra, solo con unas pequeñas velas electrónicas, una reflector tenue para el pianista y las luces de emergencia. Él buscaba la concentración absoluta en el público al estilo Sviatoslav Richter, el pianista al que le gustaba ofrecer recitales con una pequeña lámpara para iluminar la partitura. Para el violinista esa fue la mayor experiencia de su vida, aunque confiesa que sintió temor de que el público no haya sentido lo mismo. Afortunadamente, muchos le dijeron que fue terapéutico y hasta hipnótico. En ese sentido, Vengerov remarca en su columna que el concierto “no debe ser sobre artistas y tampoco sobre música. La música debe ser el conducto que canalice y refleje todo ese espectro de emociones que permitan afinar, balancear, equilibrar y sanar nuestras almas”.

MÁS INFORMACIÓN

  • Maxim Vengerov llegará a Lima con su violín “Ex-Kreutzer”, fabricado por Antonio Stradivari en 1727.
  • El programa del recital de Maxim Vengerov y Vag Papian incluye la Sonata Nº 7, de Ludwig van Beethoven; la Sonata Nº 3 para violín en re menor op. 108, de Johannes Brahms; la Sonata para violín y piano en la mayor de Cesar Franck; y Tzigane, de Maurice Ravel.

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Los maestros Vengerov y ‘Slava’ Rostropovich interpretando el Concierto para Violín de Beethoven. Maxim recuerda con nostalgia el enfoque que le dio el duelista sobre esta obra “Debemos reinventarla, debemos hacer que suene como si fuese el estreno mundial del Concierto para Violín de Beethoven”. La colaboración de ambos dejó para la historia seis discos además de este, entre ellos el de los conciertos de Prokofiev y Shostakovich.

En esta entrevista citamos:

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