Camello Parlante
Tosca, de Puccini

[+18] Controversia en escena: Las 10 producciones más polémicas de 2017

La primera gran polémica operística del año llegó desde Italia. El Maggio Musicale de Florencia presentó una Carmen con final modificado por el director escénico Leo Muscato, cuyo objetivo fue ser políticamente correcto. La justificación: hacer de esta ópera un “himno contra el feminicidio”, aunque la historia original de 1845 fue más revolucionaria de lo que Muscato cree.

Tras la primera función, los abucheos fueron muy sonoros, el mundo cultural comenta la producción (“ejemplo estremecedor de negligencia teatral y de oportunismo social… Muscato ha hecho el ridículo”, ha dicho el periodista Rubén Amón) y ya no quedan entradas en las boleterías. Es decir, se cumplieron los propósitos que quizá nunca se dirán: hacer noticia y vender todas las localidades.

El alcalde de Florencia, músico y director del teatro, Dario Nardella, defendió la producción asegurando que ofrecen “un mensaje cultural, social y ético denunciando la violencia contra la mujer en Italia”.

En respuesta, algunos de sus seguidores le han pedido con ironía cambiar el también final trágico de Madama Butterfly, encontrar “una cura para la tisis” (La Bohème, La Traviata), darle más “finales felices” a la ópera (¡hagan más barbiere!), reescribir Romeo y Julieta para combatir el suicidio, y hasta modificar la conclusión de Titanic y de Hachiko, el perro fiel.

Mientras en CamelloParlante.com esperamos a ver completa esta producción para ofrecer un comentario más detallado, nuestros amables colaboradores elaboraron una lista con las 10 puestas que más dieron que hablar en 2017. Esa Carmen no fue la única.

Prepara el café, el hígado y, si quieres, el agua de azahar, ya que esta lista tiene muchas producciones polémicas que dieron comezón a políticos, diplomáticos y espectadores.

1. Tosca, de Giacomo Puccini

Ópera de Oslo. Noruega.
Svetlana Aksenova, Claudio Sgura, Daniel Johansson. Dirección: Karl-Heinz Steffens. Producción: Calixto Bieito.

Si hubo alguien que se llevó todas las críticas y el furor de los tradicionalistas en la ópera fue el español Calixto Bieito. Su puesta de la clásica Tosca de Puccini tuvo la capacidad de dejar pasmados a todos. Reduciendo el drama de Tosca, Mario y Scarpia a una alegoría sobre el mal en el mundo de la política, su interpretación de esta ópera adquiere ribetes surrealistas. En ella, Tosca y Mario son una pareja de mortales modernos y hipsters, pero tienen la desgracia de toparse con el Barón Scarpia, que en esta versión es un émulo de Donald Trump, un populista que utiliza su poder para causar daño sin miramientos. Para este villano no existe ni límite religioso (llega a darle latigazos a una “virgen María” en el primer acto), goza torturando, mientras su esposa -que recuerda a Melania Trump- comparte su hazaña en su despacho de gerente de multinacional. Esta Tosca tiene los elementos suficientes para horrorizar a los puristas e hipnotizar a quienes aman las puestas modernas. Lo más perturbador: Scarpia puede morir a manos de Tosca, pero puede regresar convertido en algo más temible, una leyenda política populista. El plato de la controversia está servido.

2. Semiramide, de Gioachino Rossini

Opera Estatal de Baviera. Alemania.
Joyce DiDonato, Daniela Barcellona, Alex Esposito, Lawrence Brownlee. Dirección: Michele Mariotti. Producción: David Alden.

La principal atracción de esta Semiramide fue el debut de Joyce DiDonato en uno de los papeles dramáticos más difíciles del repertorio rossiniano. El elenco estuvo a la altura de las circunstancias, pero la puesta provocó temores de índole política. El director de escena transportó la acción al mundo musulmán actual, en el cual Asiria es una simbiosis de la Pakistán de los talibanes y Corea del Norte. Estatuas gigantescas al estilo del culto a la personalidad maoísta, mujeres con burka y guerreros que se parecen a los verdugos del Estado Islámico desfilan en elegantes salones que recuerdan a los del Gran Salón del Pueblo de Pekín. Toda una alegoría, que al fusionarse con el libreto de una ópera con tema legendario, compuesta en 1823, sin embargo, es una denuncia contra los regímenes teocráticos. Una puesta lejos de la ingenuidad y de la pirotecnia rossiniana.

3. Carmen, de Georges Bizet

Festival de Aix-en-Provence, 2017. Francia.
Stephanie d’Oustrac, Michael Fabiano, Michael Todd-Simpson, Elsa Dreisig. Dirección: Pablo Heras-Casado. Producción: Dmitri Tcherniakov.

Uno de los enfants terribles de la ópera actual es, sin dudas, el ruso Dmitri Tcherniakov, que en el Festival de Aix-en-Provence de 2017, no tuvo reparos en disecar una de las obras cumbre del repertorio. Esta Carmen está completamente alejada de España, de Sevilla, de los toros, majos, bailarinas o contrabandistas. Es una Carmen propia de la neurosis de esta posmodernidad, de la angustia existencial de los millennials. Un elenco representativo de lo mejor de las voces ascendentes de la ópera internacional. Tcherniakov traslada la acción de Carmen a una clínica psiquiátrica para clientes de alto poder adquisitivo, acosados por la obsesión del sexo, la cual solo puede ser curada mediante la representación de la ópera Carmen. Principalmente, Stephanie D’Oustrac y Michael Fabiano exorcizan sus fantasmas a través de una apasionada interpretación de Carmen y José. El tratamiento alcanza tal grado de realismo, que convierte al espectador en parte de la terapia. A pesar de las quejas de los defensores de las intenciones de Bizet y sus libretistas, la puesta de esta Carmen desconcertante, no deja de ser original.

4. Stiffelio, de Giuseppe Verdi

Festival Verdi 2017. Italia.
Luciano Ganci, María Katzarava, Francesco Landolfi, Giovanni Sala. Dirección: Guillermo García Calvo. Producción: Graham Vick.

Durante el pasado octubre, el Festival Verdi puso ante un ataque de histeria a los puristas verdianos. El consagrado Graham Vick convirtió el drama conyugal de Stiffelio, ópera de menor calado dentro de la producción verdiana, en una denuncia contra la opresión moral sobre las relaciones humanas y el patrullaje de instituciones como las iglesias u otras religiones hacia el amor de todo género u orientación sexual. La audacia está también representada en que el público es parte de la representación, ya que el coro está disperso dentro de la platea. Grupos Pro-vida y de Defensa de la Familia entran en escena, reclamando castigo al adulterio de la protagonista. Escenas de sexo e inclusive una pareja gay es golpeada por una especie de policía religiosa al comienzo del acto II. Las voces superan lo esperado para este tipo de repertorio, pero el público quedó azorado ante esta puesta elaborada por Vick.

5. Madama Butterfly, de Giacomo Puccini

Teatro La Monnaie de Bruselas. Bélgica.
Alexia Voulgaridou, Ning Liang, Marcelo Puente, Marta Beretta, Aris Argiris. Dirección: Roberto Rizzi Brignoli. Producción: Kirsten Dehlholm.
 
Si algo hay que esperar de una función en La Monnaie es que jamás nos encontraremos con puestas convencionales. Lo provocador es la marca registrada de este teatro belga. En esta Madama Butterfly, si bien los cantantes no despertaron grandes entusiasmos entre el público, lo que primó fue el desconcierto ante la puesta de la danesa Kirsten Dehlholm. Cio Cio San, convertida en fantasma, canta a un costado del escenario, ya que está condenada a contar su trágica historia noche tras noche alrededor de los teatros del mundo, mientras que su doble en escena es una muñeca. El trabajo visual utiliza elementos del teatro japonés, recurriendo a un vestuario estilizado, con un escenario plano, en donde los ambientes son recreados por la iluminación. Un Pinkerton que parece veterano de los rangers, un Sharpless manco, una Suzuki tradicional. Todos interactuando con una muñeca articulada desde las sombras, al estilo del bunraku, el tradicional teatro japonés con marionetas. Una puesta como una etapa superior al concepto de Anthony Minghella, en la cual el muñeco era el hijo de Cio Cio San y Pinkerton. Aquí, todo se vuelve fantasmagórico.

6. La doncella de nieve, de Nikolái Rimski-Kórsakov

Ópera de París, 2017. Francia. 
Aida Garifullina, Yuriy Mynenko, Martina Serafin, Maxim Paster, Elena Manistina, Vladimir Ognovenko. Dirección: Mikhail Tatarnikov. Producción: Dmitri Tcherniakov.
 
Dmitri Tcherniakov también estuvo en la boca de toda la prensa especializada con su interpretación de la ópera de Nikolái Rimski-Kórsakov basada en una antigua leyenda rusa. Los elementos legendarios fueron transportados a una comunidad naturista, hippie de los años 60. Con una estética que rememora la era de los Beatles y la sombra de Woodstock que planeó sobre toda la concepción escénica. Aida Garifullina obtuvo su consagración con este papel en la Ópera de París porque su interpretación fue excelente. Y como toda puesta en escena en los felices años 60, hubo fumadores de marihuana, bailarines desnudos alrededor de las fogatas del bosque, con decorados de un perfeccionismo propio de Tcherniakov. Provocador, pero pulcro, sería el rótulo adecuado para este regista. La Doncella de Nieve no causó controversia, pero si una curiosidad extraordinaria debido a lo extravagante de la puesta y la excelencia de la música de Rimski-Kórsakov.

 7. Salome, de Richard Strauss

Dutch National Opera. Países Bajos.
Malin Byström, Doris Soffel, Evgeny Nikitin, Lance Ryan. Dirección: Daniele Gatti. Producción: Ivo van Hove.
 
Si la puesta de Salome de Sir David McVicar había sido la más alabada en los últimos años, la producción del belga Ivo van Hove ha venido a levantar controversia en la misma línea. Sadismo, incesto, acoso sexual y la culminación de un drama familiar, son llevados al paroxismo en esta interpretación con fuertes toques psicoanalíticos. Si la partitura de Strauss describe el salvajismo y el erotismo de la historia de Oscar Wilde, esta puesta acentúa lo macabro y lo siniestro de la histeria de Salomé. Jochanaan no es decapitado, sino es servido en una gigantesca bandeja de plata, cocinado en su propia sangre. El shock se extiende al cinismo de los demás protagonistas del drama. Todos toman parte en el desenfreno. Salomé sacia su histeria bañándose en la sangre del Profeta en un gesto sacrílego que subleva a cualquier público conservador. Pero para la Dutch National Opera esto es lo habitual y esta Salome llamó la atención de toda la prensa especializada, como también, provocó el escándalo.

8.Tannhäuser, de Richard Wagner

Ópera Estatal de Hesse, Wiesbaden. Alemania. 
Lance Ryan, Sabina Cvilak, Jordanka Milkova, Christopher Bolduc. Dirección: Patrick Lange. Producción: Uwe Eric Laufenberg.

Puesta de escena no apta para cardíacos. Laufenberg cuestiona el mundo del pecado y de la gracia, del sexo y de la castidad, convirtiendo la ópera de Wagner en una representación compleja. En el escenario hay desnudos, durante el primer acto, un papa está presente, al bendecir a los peregrinos que son una especie de Legionarios de Cristo. Actos sexuales y desenfreno han hecho de esta producción de la Ópera de Wiesbaden la más iconoclasta de la temporada europea. Si en algún anuncio de teatro de ópera lee que el regista es Uwe Erich Laufenberg, tome sus prevenciones.

9.Carmen, de Georges Bizet

Ópera de Roma. Italia. 
Veronica Simeoni, Roberto Aronica, Alexander Vinogradov, Rosa Feola. Dirección: Jesús López Cobos. Producción: Valentina Carrasco.

Otra Carmen que levantó polvareda fue la producción de la Ópera de Roma con dirección escénica de la argentina Valentina Carrasco, quien trasladó la acción a Ciudad Juárez, en la frontera de los Estados Unidos y México. Todos los elementos del folclor mexicano como las calaveras de Guadalupe Posada, los rituales de la fiesta de difuntos, la tradición taurina mexicana y la exuberante artesanía están presentes en el escenario. Pero el escándalo surgió cuando el embajador mexicano en Italia protestó ante la dirección de la Ópera de Roma debido a la “falta de respeto” hacia símbolos mexicanos, como la imagen de la Virgen de Guadalupe, cuya efigie fue utilizada en varias escenas. La queja subió la temperatura, al punto de que la Cancillería mexicana emitió un comunicado oficial quejándose sobre la visión “caricaturesca” de México, la cual no representa los valores de la cultura de ese país. A pesar del incidente, el teatro apoyó la concepción de Carrasco y todos fueron corriendo a comprar su ticket.

10. Aida, de Giuseppe Verdi.

Festival de Salzburgo, 2017. Austria.
Anna Netrebko, Ekaterina Semenchuk, Francesco Meli, Luca Salsi, Dmitry Belosselskiy, Roberto Tagliavini. Dirección: Riccardo Muti. Filarmónica de Viena. Producción: Shirin Neshat.

Si existen los estados de gracia en una representación de ópera, puede decirse que esta Aida fue un ejemplo. La soberbia dirección de Riccardo Muti al frente de la Filarmónica de Viena, el desempeño de los coros, pero por sobre todo, la consagración de Anna Netrebko como una gran cantante verdiana. La soprano superó el obstáculo de ser una Aida de antología. El conjunto de cantantes que la acompañaron fue destacable, entre ellos, Ekaterina Semenchuk como una formidable Amneris, Luca Salsi como un impiadoso Amonasro y un Francesco Meli atormentado. Sin embargo, la puesta causó quejas de los puristas por la concepción austera y descarnada de Shirin Neshat. La fotógrafa y cineasta iraní convirtió a Aida en un drama de los tiempos actuales, surcados por fanatismos, refugiados, sectarismos políticos. La propia Aida es una expatriada que debe sufrir la humillación de estar lejos de su tierra. Pese a las críticas, la escenografía y los movimientos actorales fueron de una elegancia y pulcritud indiscutibles. El excelente manejo de la iluminación, el uso de gigantescos bloques de cemento trabajados como el escenario donde se desenvuelve el drama, como también un vestuario moderno y atemporal a la vez, hicieron de esta Aida una pieza de antología.

 

Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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