Camello Parlante
Gustav Mahler - Otto Bohler

Cartas #3: Mahler y la Quinta Sinfonía

Gustav Mahler no dejó de hacer modificaciones a su Sinfonía Nº 5 hasta 1909, cinco años después de su estreno. El compositor bohemio empezó la composición del primer y tercer movimiento en 1901 y continuó con el resto el verano del año siguiente.

Después del estreno, algunos críticos trataron a la Sinfonía Nº 5 como una obra “vulgar”. Henry-Louis de La Grange, uno de los principales biógrafos de Mahler, aseguró que las reseñas tildaban a este trabajo como “banalidad” o producto de una “impotencia creativa”. De la Quinta se decía también que tenía “ausencia de forma” o representaba el “cinismo de una personalidad decadente”. Incluso el crítico de la Wiener Abendpost dijo que el Adagietto era una “música sosa de salón”.

El propio Mahler reconoció que después del estreno de 1904 nadie entendió realmente su obra. Durante los ensayos a algunos asistentes “les desconcertaron los primeros movimientos. Hasta hubo silbidos después del Scherzo”, escribió el compositor.

El estreno mundial fue el 18 de octubre de 1904 en Colonia. Dos días antes, Gustav Mahler envió este mensaje a su esposa Alma.

Colonia, 16 de octubre de 1904

Almschi, querida:

Según mis cálculos, recibirás esta primera carta mañana, si la llevo a la estación para alcanzar el correo. Hoy fue el primer ensayo.

Todo salió pasablemente bien. El Scherzo es un movimiento diabólico. Veo que hay en él un montón de problemas. Los directores de los próximos cincuenta años lo tocarán demasiado rápido y lo convertirán en un absurdo; y el público… ¡Cielos! ¿Qué entenderá de este caos que a cada momento engendra nuevos mundos, solo para caer en ruinas al momento siguiente? ¿Qué dirá de esta música primitiva, de este encrespado y rugiente mar de sonidos, de estas estrellas danzantes, de estas impresionantes, iridiscentes y brillantes olas? ¿Qué tiene que decir un rebaño de ovejas, que no sea “bee”, ante el “canto de las esferas rivales”? ¡Qué bendición, qué bendición ser un sastre! ¡O que yo hubiese sido un viajante de comercio y me hubieran contratado como barítono en la ópera! (en referencia a Leopold Demuth) ¡O poder ofrecer la primera audición de mi sinfonía cincuenta años después de mi muerte!

Ahora iré a dar un paseo a lo largo del Rin, el único ser de toda Colonia que seguirá tranquilamente su camino después del estreno sin declararme un monstruo. ¡Oh, si yo fuera “totalmente la mamá, totalmente el papá”!

¡Qué bendición, qué bendición, ser un cerrajero y convertirse en tenor de la Ópera de Viena! (En referencia a Leo Slezak). Tengo que ir a la Ópera esta noche para oír a la prima donna. Dan Fedora, de Giordano. ¡Oh, si yo fuera un tostador de castañas italiano!

¡Oh, si yo fuera un agente de policía ruso!

¡Oh, si yo fuera consejero del ayuntamiento de Colonia, con mi palco en el Teatro Municipal y también en el Gürzenich, y pudiera contemplar despectivamente toda la música moderna!

¡Oh, si yo fuera un profesor de música y pudiera dar conferencias sobre Wagner y hacerlas publicar! (En referencia a Guido Adler)

Te espero sin falta el domingo. Debo tener cerca a una persona para la cual mi sinfonía sea un placer. Si estuvieras aquí ahora, tomaríamos un taxi para pasear a lo largo del Rin; no siendo así, debo ir a pie para que no me envidies. El tiempo es glorioso. Muchos cariños de tu, ¡oh, bendito!,

Gustl

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Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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