Camello Parlante
Director Matteo Pagliari

Pagliari: “La partitura es evangelio”

Director Matteo Pagliari
Director de orquesta Matteo Pagliari (Fotografía cedida por el mismo artista).

Escribe: Pablo Macalupú-Cumpén (@PabbloMC)
Entrevista realizada en enero de 2017.

“¿Cuál es el aporte del director cuando está ante una orquesta?” es una de las preguntas que formula constantemente Matteo Pagliari a sus alumnos en Lima. Él está consciente de que el arte de la dirección enfrenta muchos retos musicales y extramusicales como superar las presiones del marketing para hacer “más vendedor” a un artista a costa de sus resultados. Por ello insiste en que la propuesta que debe llevar el director a una orquesta tiene que incluir una visión distinta, sobre todo cuando se está frente a un conjunto que de por sí tiene un nivel de ejecución superlativo.

Pagliari ha cumplido este mes dos años como residente en el Perú y a lo largo de este tiempo ha desarrollado extensos talleres de dirección de orquesta. Sobre estos nos ofrece comentarios esperanzadores: aunque prefiere no decir nombres por el momento, el conductor italiano asegura que ha encontrado entre sus discípulos a por lo menos tres jóvenes artistas peruanos con mucho talento para la dirección. El maestro piensa en grande y quiere que sus pupilos en algún momento puedan medirse con otros jóvenes directores del mundo en concursos internacionales y especializarse en importantes escuelas de música. Esto, sin embargo, requiere de mucho trabajo y, sobre todo, investigación del autor, la obra a la que se enfrenta, además de una correcta lectura e interpretación de lo que se ha escrito.

Este año Pagliari inicia sus actividades con la Orquesta Sinfónica Nacional en un concierto que presenta, en sus palabras, un “programa divertido e interesante”, conformado por la Obertura de Ruslán y Liudmila, de Glinka; Pupazzetti, de Casella; El aprendiz de brujo, de Dukas; y la Sinfonía Nº 2 de Schumann. Luego partirá a Polonia para dirigir La Cenerentola de Rossini, después estará en Italia para grabar conciertos de órgano del compositor italiano Marco Enrico Bossi; mientras que en Tenerife conducirá I Capuleti e i Montecchi, de Bellini; también planea dirigir una nueva ópera con el Conservatorio Nacional de Música como hizo en 2016 con El Barbero de Sevilla.


Matteo Pagliari se presenta esta noche en el Gran Teatro Nacional. Es el gran invitado del segundo concierto de la Temporada de Verano de la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú.

Entradas en Teleticket o clic aquí.


Matteo Pagliari Dirige

 

 

Desde 2015 está trabajando en la formación de futuros directores de orquesta, una misión compleja en el Perú. ¿Qué resultado ha obtenido hasta el momento?

Hay muchísimo interés y eso es bueno. Hasta ahora no hay un curso de estudios para directores de orquesta y es absurdo. Primero, en el Perú hay orquestas; segundo, no tiene sentido que una ciudad con un Conservatorio y otras ciudades musicales no tengan una carrera de dirección de orquesta. Esto me llamaba la atención desde hace muchos años cuando yo iba a los concursos internacionales en Europa y había directores que venían de Brasil, Argentina, Colombia o de donde fuera, pero nunca había uno peruano. El Perú es un país sumamente musical; con un instinto musical muy fuerte. Entonces, se ha generado ocasiones de dictar clases, talleres y tantas cosas justo porque hay muchos chicos que quieren ser directores de orquesta o sencillamente quieren saber algo más. A veces no es necesario ni automático que uno que estudia esto lo hace porque quiere ser director. En ocasiones, un músico de orquesta en formación necesita conocer directamente lo que hace la persona que tiene al frente para entenderlo mejor y eso es muy sano.

Como un ejercicio de empatía, ¿no?

Claro y a veces es muy divertido. Incluso hasta los mismos músicos, los más jóvenes que tocan en orquesta, no notan lo que es el trabajo del director hasta que están parados en el podio con una batuta y dos pianistas al frente. Ahí se dan cuenta de lo que significa. Tienes que decir algo y decirlo bien. En este tiempo hemos armado cursos académicos como los que se hacen en Europa. Hemos trabajado durante tres meses en varias obras de repertorio.

Actualmente vemos en directo o a través de las tantas transmisiones digitales a directores muy gestuales que podrían encajar en la categoría de showman. Esto ha generado cuestionamientos académicos sobre la gestualidad y hasta la exageración de ciertos conductores, discusiones que nos hacen notar que a veces se prioriza la forma y no el fondo. Muchos jóvenes artistas podrían absorber este vicio si es que no tienen una orientación clara sobre el tema…

Es que la televisión lo hizo todo. Desde cuando se ha empezado a ver al director de frente, esto ha generado en muchos de ellos la vanidad de lucir bien. Esto no es malo en absoluto, pero tiene que llegar siempre después de algo mucho más profundo porque el gesto bonito de por sí no sirve para nada. El gesto primero tiene que ser eficaz. El director está ahí para ayudar a la orquesta, no para fastidiarla. Después, si el gesto eficaz se ve bien, mejor. Pero eso es algo que llega en segundo lugar.

Algunos manager conocidos me han dicho un par de veces que dirijo bien, pero debo hacer “más show”. Yo he respondido “no estoy ahí por eso, no me sale”. En realidad, tengo muchas cosas que pensar cuando estoy en el podio y el gesto que me sale es porque tengo una guía musical. He trabajado muchísimo para que mi gesto sea eficaz y elegante, no elegante y eficaz. Tiene que ser eficaz en primer lugar. La orquesta tiene que sentirse segura, tocar segura. No tener dudas de cuándo entrar o de cómo es algo. Hay quienes tienen un gesto feo, pero funciona perfectamente; hay también casos donde sucede lo contrario.

A veces se cree que mientras mayor sea el espectáculo gestual de un director desde su podio, hay más energía y mejor resultado musical.

La energía que se transmite desde el podio, sin duda es grande, pero a veces no coincide con el resultado musical. A veces un resultado puede ser normal y la duda es: ¿ese resultado es gracias a la orquesta excelente que diriges o gracias al director? Entonces te puedes preguntar, ¿cuál es el aporte del director? Eso le digo a mis alumnos cuando hacemos clases en el Conservatorio. Sin ánimos de fastidiarlos, a veces los veo dirigir y luego les detengo el brazo e indico a la orquesta que siga tocando. La orquesta toca igual. Ojo que estamos hablando de una orquesta de conservatorio que tiene otro tipo de entrenamiento. La pregunta al alumno es: ¿qué ha cambiado cuando has dejado de dirigir? Muchas veces la respuesta es “nada”. “Bueno, entonces, ¿para qué estás acá?”.

El público a veces tampoco parece comprender eso. Muchos tienen un conocimiento básico, pero otros sencillamente no entienden o desconocen el aporte del director de orquesta. Sin embargo, debe ser grave que un músico no llegue a entenderlo así o en la industria se prefiera a un director que encaje con los estándares marketeros y no aporte realmente a una orquesta. ¿El marketing le hace daño a la música?

Absolutamente.

¿Por qué?

Desde hace 20 años no se venden discos. Todo lo que se podía vender se ha vendido. Entonces, hasta las casas discográficas buscan cualquier forma para que el público esté interesado en comprar un disco y no necesariamente es un interés musical.

Lamentablemente -y lo digo con todo respeto y todo cariño- la mayoría de veces un público normal no puede distinguir entre la Quinta de Beethoven por Karajan y la interpretada por fulano. No llega a saborear las diferencias. Puede ser falta de educación musical, de estudio, falta de formación desde la primera edad y eso es algo que siempre digo: el estudio de la música debería ser obligatorio desde niños así como el estudio de la matemática.

Nadie piensa que un niño de cinco años que estudia matemática va a ser matemático, por lo tanto, nadie tendría que pensar que un niño de cinco años que estudia música va a ser músico. Es cuestión de formación cultural en amplio espectro. Giulini decía más o menos lo mismo. Que resulta un escándalo si nadie conoce a Caravaggio, pero nadie critica que no conozcas a Beethoven. Por lo tanto, si yo como público-no-informado voy a un negocio de discos y tengo 50 grabaciones de la Séptima de Beethoven buscaré comprar la más reciente, la que tenga la foto más atractiva o la que tenga la imagen del director que he visto en la tele. Al costado puede estar la grabación de Otto Klemperer, pero no la elijo porque “esa-es-vieja, está-en-blanco-y-negro-y-se-ve-fea”.

¿Se puede enfrentar esto desde el lado artístico?

No creo, es una tendencia…

Porque esto también nos puede llevar al eterno debate de que en algún momento la música clásica morirá.

No, eso no creo. Son ciclos. La música clásica no muere porque aun sea por cuestiones de marketing, este rubro sigue moviendo mucho dinero y es positivo. Se mantiene vivo el negocio. Que se mueva dinero con la música significa que no hay un pare con esto. Luego que el dinero se mueva por razones artísticas o menos, habría que discutirlo. Creo que en algún momento va a terminar esa cosa de que el marketing mueve más que el arte. No creo que termine en un año o dos, quizá termine en veinte años.

Por eso, hay que invertir en la formación desde niños. No me voy a cansar de repetirlo. Si vas a ver una exposición de un escultor contemporáneo, tienes la preparación para ver si te están tomando el pelo o si estas frente a un gran artista, porque desde niño te han hecho estudiar la historia del arte. No eres un experto, sino alguien que ha tenido un poco de formación y puedes decir si esa cosa es una estafa, pero si no tienes esa información vas a tragarte lo que te propongan y eso pasa con la música.

En la música hay lenguajes que se mantienen con una actualidad impresionante como ha sucedido con Shostakóvich, Prokofiev o Mahler. Pero hay otra música escrita en los años 50 o 60 que hoy no suena antigua, sino podrida. Porque era un momento y si algo te suena podrido después de 40 años es porque desde un principio no estaba bien. La música tiene que sobrevivir en el tiempo.

¿Por ejemplo?

Ejemplos directos no puedo darlos, pero hay mucha música de compositores vanguardistas de la segunda mitad del Siglo XX que ahora ya no suena ni siquiera fastidiosa, simplemente te produce indiferencia.

Hace un tiempo fui a un concierto de música contemporánea. Tú sabes que yo no soy muy aficionado a esto, pero me dejé convencer. Fui a escuchar a una obra para dos violines y equipo electrónico. Nada nuevo. Era un asco. A mí me sonó así. Al final varios chicos que estudiaban composición y varios del público se jalaban los pelos de la emoción, “ay, qué lindo”, decían, etcétera. Sin embargo, quedaron fríos cuando les pregunté si podían determinar si los dos músicos que habían escuchado tocaron bien o mal. “Si escuchan el concierto de Shostakóvich para violín en cierta parte de la música podrán decir con toda seguridad si el violinista es bueno o malo. Si hoy no pueden decirlo es porque no pueden distinguir el aporte del músico del efecto del compositor y eso no está bien. Les están tomando el pelo”, les dije.

¿Tendrá algo que ver el esnobismo de cierta parte del público hacia lo contemporáneo?, ¿la gente se está forzando a apreciar algo que, muchas veces, no merece la pena?

Ah claro, es que para muchos es muy chic decirlo, ¿no? Pero si haces la pregunta correcta, te das cuenta muchas veces de que efectivamente esa comprensión es una pose. Quizá es porque resulta muy elegante decir “voy a un concierto de música contemporánea”. Pero eso pasa. En Parma cuando se inaugura la temporada de ópera encuentras gente que va al estreno donde las entradas cuestan una barbaridad para estrenar su traje de gala. Si les preguntas qué ópera van a ver, no saben.

Pagliari ensaya con la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú para su concierto del viernes 24 de febrero (Fuente: Matteo Pagliari)
Pagliari ensaya con la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú para su concierto del viernes 24 de febrero (Fuente: Matteo Pagliari).

Retomando el tema de la formación de directores, ¿cuán importante es la investigación para redondear una interpretación?

Sumamente importante. Siempre les digo a los chicos que no se fijen en una interpretación. Hay que dividir entre una grabación o artista que escuchas por cariño y tu trabajo. Yo puedo adorar a tal director, pero cuando estudio una obra, aun así la haya escuchado dirigida por alguien mil veces, primero me fijo en la partitura. Para mí la partitura es evangelio. No existe Karajan, no existe Toscanini, no existe Bernstein cuando estoy frente al compositor mismo y lo que él ha dejado frente al papel. Luego, puedo escuchar 10 o 15 versiones distintas, hoy es muy fácil con Spotify o YouTube, pero es muy importante aprender la historia de la interpretación. Estudiar cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo y cómo incluso, respetando a los maestros del siglo XX, se debe tomar una distancia porque sus interpretaciones se tienen que poner en un contexto muy distinto al que vivimos actualmente. Yo adoro las sinfonías de Beethoven grabadas por Karajan, Klemperer, pero hoy en día…

Resulta que así no eran.

¡Así no eran!

Entonces el enfoque que transmites a tus alumnos es de una interpretación histórica de la obra, en lugar de mantener una tradición.

Es saber a quién escuchas y por qué en esa época se tocaba así o se dirigía así. Y por qué ahora hay que cambiar la forma. El que manda siempre es el autor. No es una moda ni una tendencia. Detesto las tendencias y las modas. Si para mí, en un principio, esa cosa parece que no tiene sentido es mi objetivo encontrarle un sentido, pero no decir “el compositor se equivocó, entonces lo cambio”. Eso no es.

El respeto por la partitura no existe, no me gusta. El respeto literal es de burros. (Decir) “así está escrito, así lo hago” es como la zanahoria frente al burro para que vaya de frente. Hay que buscar la razón por la que una cosa está escrita de una forma u otra. Y cuando escuchas a un maestro y no hace esto, lo peor que puedes hacer es pensar “bueno si él hace así, entonces es así”. ¡No!, tienes que entender porqué hace eso.

Como decía Kleiber, fantástico: “no entiendo por qué los metrónomos de Beethoven no están bien -supuestamente- solo cuando están muy ágiles, pero cuando están muy lentos nadie se queja”. Y es cierto. Si no logras entender que las indicaciones de Beethoven no son musicales sino prácticas para dejar información extra a quien interprete su música, estás equivocado. Respetando el metrónomo que Beethoven indica logras entender mejor su fraseo. El verdadero fraseo beethoveniano está escrito en la partitura, con su tiempo, su articulación, sus notas. Si no lo entiendes, es problema tuyo, no de Beethoven. Él ha dejado tanta información por lo tanto es tu tarea y objetivo comprenderla.

Por ello hay muchos registros en los que se escucha a un Beethoven titánico o furioso…

Horrible.

¿Generado por qué? ¿malinterpretación?

No. Ahora tenemos muchísimos directores que han cambiado esto. Empezando por Hogwood que hace 25 años hizo la primera grabación completa de las Sinfonías de Beethoven con instrumentos y materiales originales. Esto cambia el concepto de sonido. Es impactante notar que el concepto de sonido de Beethoven era mucho más adelantado de lo que nosotros pensamos. Luego de esas grabaciones, tenemos a Gardiner, Harnoncourt y después llega Abbado con orquesta moderna, pero con un concepto pegado a la filología, por decirlo de una forma simple.

Todo esto genera que cuando escuchas una interpretación hecha hoy pero que no sigue ese concepto la percibes como antigua, como fuera de tiempo. Ya no es así. Estamos hablando de hace 40 años cuando se empezó a estudiar los materiales y a entender que no solo se podía tomar como referencia la primera edición o el primer manuscrito. Es conocido que el mismo compositor una vez impresa la primera edición hacía correcciones, y muchas veces sobre el material de orquesta, durante los ensayos para el estreno. Todo eso ha sido recolectado para imprimir nuevas ediciones que son un estudio detallado de todo lo que tenemos a disposición, inclusive cartas.

Y ya que hablamos de investigación ¿cómo ve el campo de la investigación académica musical en el Perú?

Sinceramente, no lo veo. Hace poco tiempo (cuatro meses) vino un amigo que estudia historia de la música en Londres y quería hacer una investigación sobre compositores peruanos, que hay varios y muy buenos. Fue a la Biblioteca Nacional para ver si podía revisar algunas partituras y le dijeron que no se podía. Él preguntó “¿para qué tienen esos materiales? Quiero hacer una investigación de música peruana para graduarme en Londres. Esto podría generar un interés en Europa”. Pero no le permitieron acceder a los documentos.

Hace un momento conversábamos sobre la formación musical. Como extranjero radicando en Perú, ¿cuál es su opinión sobre la intención de la administración Kuczynski de querer reforzar los estudios musicales en los colegios?

Eso es sumamente importante. Desde hace mucho en Suiza es ley que desde los 4 años la instrucción musical es obligatoria. Como te decía antes, yo enfatizo en que es un enriquecimiento para cualquier persona, además porque es una parte de tu formación cultural. Se debe estudiar la historia del arte, la historia de la música, algún instrumento y no necesariamente la flauta dulce que es la pesadilla de cualquier niño, una tontería para tocar Cumpleaños feliz. Es una tortura.

También es importante hacer música en conjunto, sea en coro o en una orquesta. Eso cambia la forma de verte dentro de la sociedad. Cuando haces música con otras personas aprendes a escuchar, ingresas al servicio de algo común y aprendes a no querer sobresalir porque no necesariamente tu parte es la principal.

Mi forma de dirigir seguramente viene de mi experiencia como coreuta, yo empecé niño cantando en un coro. Mi forma no es de uno que manda frente a un grupo de personas, sino de buscar un trabajo en equipo.

Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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