Camello Parlante
Asmik Grigorian en Salome, de Richard Strauss. Festival de Salzburgo. Austria, 2018

Las producciones más emocionantes de 2018

Terminó el año y mientras la temporada operística 2018-19 está en pleno desarrollo en el hemisferio norte, nosotros, desde Camello Parlante, realizaremos un recuento de aquellas producciones que provocaron ríos de tintas de los críticos, como también, la furia o el aplauso del público.

En líneas generales, podemos decir que el “enfrentamiento” entre tradicionalistas y modernistas frente a las producciones artísticas continúa, aunque las de este año no tuvieron las ásperas controversias como la suscitada por la producción feminista de la Carmen del Maggio Musicale Fiorentino de 2017.

En estos tiempos en que los directores de escena son las estrellas, las nuevas puestas de ópera también han sido el vehículo para el lucimiento de los miembros del star systemoperístico, como para el surgimiento de nuevos divos que se suman a ese paraíso canoro.

Indudablemente, durante este 2018 las composiciones de Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Richard Strauss, Gaetano Donizetti, entre otros, han estado asociados a los nombres de directores de escena como Stefano Poda, Romeo Castellucci o Davide Livermore. Las lecturas realizadas por estos artistas siguen marcando hitos que generan una avalancha de espectadores impulsados por la curiosidad fogueada por las peleas entre los críticos; mientras los directores de las casas de ópera se restriegan las manos.

Aquí presentamos las que, a nuestro criterio, han sido las producciones operísticas más novedosas y comentadas del circuito operístico internacional durante este año.

Asmik Grigorian en Salome, de Richard Strauss. Festival de Salzburgo. Austria, 2018
Asmik Grigorian en Salome, de Richard Strauss. Festival de Salzburgo. Austria, 2018

1.-Salome, de Richard Strauss. Festival de Salzburgo. Austria, 2018. Asmik Grigorian (Salome), Anna Maria Chiuri (Herodias), Gábor Bretz (Jochanaan), Julian Prégardien (Narraboth). Dirección musical de Franz Welser-Möst. Producción de Romeo Castellucci.

El Festival de Salzburgo sigue siendo el punto de referencia de la excelencia musical europea, cuyas producciones no decepcionan a los melómanos alrededor del mundo. En esta oportunidad, la cita ineludible fue la nueva producción de Salome, de Richard Strauss, realizada por el reconocido director de escena Romeo Castellucci.

La nueva lectura de Salome tuvo una profunda connotación psicoanalítica en la cual los textos de Sigmund Freud sobre la histeria femenina y el erotismo vinculados con el trasfondo siniestro del sadomasoquismo o la religiosidad fueron explicitadas ante un público azorado. Castellucci tomó el concepto freudiano de “La Cosa” (Das Ding), como un objeto inalcanzable que se explicita en el campo de lo sexual, cuando la histeria femenina anhela la unión de los sexos pero a la vez lo rechaza. De ese modo, la pulsión erótica de la protagonista es representada en diferentes facetas: desde la huida de la pasión carnal mediante la obsesión religiosa, hasta su hundimiento en el tánatos de la neurosis. Jochanaan, como objeto del deseo, nunca se explicita. Es una sombra, cuya voz suena desde un espacio cavernoso. O cuando es decapitado, en lugar de su cabeza aparece la de un caballo en clara alusión a la virilidad masculina. Mayor es la sorpresa cuando Salome canta la famosa escena final bañándose en leche (está demás explicarlo). La Danza de los siete velos es una escena estática, representando una sesión de sadomasoquismo. Castellucci logra evocar lo más sórdido de la sexualidad, desde el plano simbólico y sin recurrir a ninguna escena concreta.

Esta Salome se ha lucido por la extraordinaria performance de la soprano lituana Asmik Grigorian. Ella reúne los requisitos para ser la Salome ideal: belleza física, presencia escénica y una voz fenomenal. Una nueva estrella ha aparecido en el firmamento.


Turandot, de Giacomo Puccini. Teatro Regio di Torino. Italia, 2018
Turandot, de Giacomo Puccini. Teatro Regio di Torino. Italia, 2018

2.-Turandot, de Giacomo Puccini. Teatro Regio di Torino. Italia, 2018. Rebeka Lokar (Turandot), Jorge de León (Calaf), Erika Grimaldi (Liù), In Sung Sim (Timur), Antonello Cerom (Altoum), Marco Romano (Ping), Luca Casalin (Pang), Mikeldi Atxalandabaso (Pong). Dirección musical de Gianandrea Noseda. Producción de Stefano Poda.

La Turandot de Giacomo Puccini es una de las óperas más representadas en los teatros alrededor del mundo. Sin embargo, cuando su producción está en manos de un director de escena como Stefano Poda, el resultado puede ser más que sorprendente. Parece que el Teatro Regio de Turín apostó al enigma y al misterio al contratar a Poda porque esta puesta de la última ópera de Puccini ha sido una secuencia onírica sobre quién es Turandot. ¿Es un mito?, ¿un sueño de Calaf o la pesadilla de un pueblo? Consciente de que el argumento de la pieza original de Carlo Gozzi solo puede acontecer en un país legendario, o en una novela gótica, Poda hace hincapié en una de las frases que repite uno de los personajes de la ópera: “Turandot no existe”.

Recurriendo a una estética futurista y a la vez delirante, Stefano Poda multiplica las Turandot como una escena fantasmagórica. Simplemente, porque es un sueño. Además, rescata al personaje de Liù, el más humano de la pieza, convirtiéndola en la heroína principal tal como lo quería el compositor. La ópera termina en la última nota musical escrita por Puccini, eliminando los finales alternativos compuestos por Franco Alfano o Luciano Berio. Cuerpos desnudos, coreografías sincopadas, iluminación exquisita y desplazamientos hieráticos, elementos de marca registrada de Poda, hacen de esta Turandot uno de los espectáculos más originales del año que termina.


Berenice, de Michael Jarrell. Ópera de París. Francia, 2018
Berenice, de Michael Jarrell. Ópera de París. Francia, 2018

3.- Berenice, de Michael Jarrell. Ópera de París. Francia, 2018. Barbara Hannigan (Berenice), Bo Skovhus (Titus), Ivan Ludlow (Antiochus), Alastair Miles (Paulin), Julien Behr (Arsace). Dirección musical de Philippe Jordan. Producción de Claus Guth.

La Ópera de París ha sorprendido al público con el estreno mundial de Berenice, una ópera contemporánea, especialmente encargada al compositor suizo Michael Jarrell. La obra que posee un lenguaje moderno y es llevada a escena con un conjunto de voces de primer nivel, que la ha consagrado ante la crítica y la respuesta del público. La producción de Claus Guth, esta vez, no ha provocado polémica como sucedió con su versión de La Bohème espacial que fue un verdadero vendaval de críticas por parte de los puristas.

Tomando la tragedia original de Racine, la escenografía y el trabajo actoral remarcó el clima de opresión, de violencia psicológica, de la división de la personalidad ante el exilio y la visión del “otro”. Barbara Hannigan interpretó a una Berenice con rasgos de una mujer moderna, independiente, pero acosada en un mundo de hombres.

Objeto de la pasión de Titus y de Antiochus, la heroína será objeto de la intriga política y la razón de estado. El éxito de esta première ha sido evidente, consagrando a la soprano canadiense Barbara Hannigan como la intérprete ideal para el repertorio contemporáneo: desde la Lulude Alban Berg hasta los personajes de las óperas de Kaija Saariaho.


Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach. Dutch National Opera. Ámsterdam, Países Bajos, 2018.
Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach. Dutch National Opera. Ámsterdam, Países Bajos, 2018.

4.- Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach. Dutch National Opera. Ámsterdam, Países Bajos, 2018. John Osborn (Hoffmann), Irene Roberts (La Musa), Nina Minasyan (Olympia), Ermonela Jaho (Antonia), Christine Rice (Giulietta), Erwin Schrott (Lindorf, Coppelius, Miracle, Dapertutto), Paul Gay (Crespel), Rodolphe Briand (Spalanzani). Dirección musical de Carlo Rizzi. Producción de Tobias Kratzer.

Si tuviésemos que elegir la producción operística más vibrante, más actual, más imaginativa y mejor lograda, esta versión de Los Cuentos de Hoffmann es una de las más firmes candidatas.

La Dutch National Opera no dudó en apostar por Tobias Kratzer, un joven director teatral alemán, que trasladó la historia fantástica de Hoffmann a nuestros tiempos. Las historias de desamor de Hoffmann, según esta concepción escénica, son la consecuencia de un delirio inducido por la depresión y las drogas. Cada cuadro rescata el trasfondo siniestro original de la obra, experimentado por un artista bohemio moderno en su penthouse, sumergido en su sesión de éxtasis, cocaína, heroína o de LSD.

Los cuadros de las historias de Olympia (una esclava sexual en un prostíbulo), Antonia (una víctima del egoísmo familiar paterno), y de Giulietta (una seductora adicta a las drogas), se suceden sin respiro, bajo una actuación sorprendente de Erwin Schrott como un villano de envergadura. Tobias Kratzer escandaliza, pero su concepción dramática y escénica se amolda a ese lado oscuro que poseen las historias fantásticas.

El reparto no podía ser de lo mejor: John Osborn, junto a una de las sopranos más demandadas de la actualidad, como Ermonela Jaho. Además, una sólida Irene Roberts como La Musa, y el  brillante debut de la soprano de coloratura Mina Minasyan o la presencia de Erwin Schrott, desempeñándose con solvencia en cuatro exigentes papeles. Sin omitir la dirección musical de primer nivel de Carlo Rizzi.


Il Trittico  de Giacomo Puccini. Opera Estatal de Baviera. Múnich, Alemania, 2018.
Il Trittico de Giacomo Puccini. Opera Estatal de Baviera. Múnich, Alemania, 2018.

5.- Il Trittico  de Giacomo Puccini. Opera Estatal de Baviera. Múnich, Alemania, 2018.  Il Tabarro. Eva-Maria Westbroek (Giorgetta), Yonghoon Lee (Luigi), Wolfgang Koch (Michele), Claudia Mahnke (La Frugola), Martin Snell (Il Talpa), Kevin Conners (Il Tinca). Suor Angelica. Ermonela Jaho (Suor Angelica), Michaela Schuster (La Zia Principessa), Claudia Mahnke (Abadesa). Gianni Schicchi. Ambrogio Maestri (Gianni Schicchi), Rosa Feola (Lauretta), Pavol Breslik (Rinuccio), Michaela Schuster (Zita), Martin Snell (Simone), Dean Power (Gherardo), Christian Rieger (Betto di Signa), Selene Zanetti (Nella). Dirección musical de Kirill Petrenko. Producción de Lotte de Beer.

Este año, con motivo del centenario de su estreno, Il Trittico de Puccini no podía faltar en las carteleras del circuito internacional operístico. Algunos teatros, como la Ópera de París se inclinaron por una de las óperas del conjunto a modo de homenaje, como fue la producción de Gianni Schicchi, con la presencia de Vittorio Grigolo y la ascendente Elsa Dreisig. Pero de las producciones más destacadas, entre las cuales se encuentra la tradicional producción de la Metropolitan Opera House, nosotros nos inclinamos por la producción de la Ópera de Múnich, firmada por Lotte de Beer.

El elenco fue de lo mejor del circuito internacional, tal como nos tiene acostumbrado la casa de ópera muniquesa, con la soberbia dirección musical de Kirill Petrenko. La producción de Lotte de Beer se centró en el drama interno de cada uno de los personajes. Las dos tragedias y la comedia puccinianas transcurrieron en un gigantesco escenario curvo de aluminio, como enfatizando la dureza y la frialdad de la vida humana y sus emociones. Otros elementos dramáticos son agregados, tal como el entierro del hijo de Giorgetta y Michele en Il Tabarro, permitiéndonos comprender el drama posterior. El carácter intimista del claustro deviene en opresivo en Suor Angelica; mientras la parodia felliniana, sórdida y exuberante, se impone en Gianni Schicchi.

En la simplicidad industrial está el enigma de esta producción que logra captar el drama pucciniano y las trágicas pasiones humanas, gracias a grandes voces dirigidas por la batuta de uno de los más importante directores musicales actuales.


La Traviata, de Giuseppe Verdi. Teatro de los Campos Elíseos. París, Francia, 2018
La Traviata, de Giuseppe Verdi. Teatro de los Campos Elíseos. París, Francia, 2018

6.- La Traviata, de Giuseppe Verdi. Teatro de los Campos Elíseos. París, Francia, 2018. Vannina Santoni (Violetta), Saimir Pirgu (Alfredo), Laurent Naouri (Germont), Catherine Trottmann (Flora). Dirección musical de Jérémie Rhorer. Producción de Deborah Warner.

La Traviata sigue siendo el caballito de batalla de los teatros, con puestas tradicionales, algunas innovadoras, otras aburridas o desconcertantes. En medio de este panorama, la que estrenó el Teatro de los Campo Elíseos con la producción de Deborah Warner ha sido una bocanada de aire fresco, en comparación con la puesta kitsch del Metropolitan Opera House, firmada por Michael Mayer (Damrau, Flórez, Kelsey; Nézet-Séguin).

La concepción de Deborah Warner consistió en trasladar el drama de Piave y Verdi al París del periodo 1944-1950, cuando la cura contra la tuberculosis estaba en plena investigación. La enfermedad está omnipresente en toda la ópera, mientras el suntuoso vestuario contrasta el mundo elegante de la alta costura parisina con las miserias sociales posteriores a la Guerra y la ocupación alemana. Un homenaje a Christian Dior como también al mundo glamoroso parisino que resucitaba luego de la tragedia de las deportaciones y las delaciones de colaboración con los nazis.

El drama y el sacrificio de Violetta retornaron bajo una nueva perspectiva, amoldada a la sofisticación francesa, al mundo original de Alexandre Dumas tal como lo concibió Verdi.


Les Huguenots de Giacomo Meyerbeer. Ópera de la Bastilla. París, Francia, 2018.
Les Huguenots de Giacomo Meyerbeer. Ópera de la Bastilla. París, Francia, 2018.

7.- Les Huguenots, de Giacomo Meyerbeer. Ópera de la Bastilla. París, Francia, 2018. Lisette Oropesa (Marguerite de Valois), Yosep Kang (Raoul de Nangis), Ermonela Jaho (Valentine), Florian Sempey (Comte de Nevers), Karine Deshayes (Urbain), Nicolas Testé (Marcel). Dirección musical de Michele Mariotti. Producción de Andreas Kriegenburg.

Este año, Meyerbeer ha regresado por la puerta grande a una de las principales casas de ópera de Europa. Les Huguenots es una obra en la cual se cruzan los fuegos de artificio del bel canto con la monumentalidad de la grand-opéra francesa. En estos tiempos, las demandas vocales de la partitura pueden ser superadas gracias a una nueva generación de cantantes, que pueden interpretarlas con el virtuosismo impuesto por Meyerbeer. Andreas Kriegenburg situó el enfrentamiento religioso entre católicos y protestantes en un lejano año 2063. Sin embargo, esta fecha es un anacronismo, y un pretexto, para desplegar los exquisitos diseños de vestuario de Tanja Hofmann, los cuales evocan la alta costura francesa.

Movimientos de masas, escenas bucólicas, grandes conjuntos de solistas, coros y arias de coloratura, constituyen los elementos que hacen de esta ópera de Meyerbeer, uno de los eventos del año. En este panorama triunfó como la reina indiscutible del bel canto, la norteamericana Lisette Oropesa, heredera de la tradición de Gruberova, Dessay y Sutherland.


Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti. Teatro Real. Madrid, España, 2018.
Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti. Teatro Real. Madrid, España, 2018.

8.- Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti. Teatro Real. Madrid, España, 2018. Lisette Oropesa (Lucia), Javier Camarena (Edgardo), Artur Rucinski (Enrico), Roberto Tagliavini (Raimondo). Dirección musical de Daniel Oren. Producción de David Alden.

Esta producción de Lucia, con motivo de los 200 años del Teatro Real, ha sido uno de los grandes eventos líricos del 2018 y, al mismo tiempo, un nuevo triunfo de Lisette Oropesa, como una de las artistas más importantes del bel canto. Junto a ella, Javier Camarena estuvo a altura, para disfrute de los amantes de amantes del belcantismo exquisito. Un conjunto de voces jóvenes que superó con amplitud las expectativas del público, el cual exigió un bis en el famoso sexteto en un clima eufórico. La puesta en escena de David Alden apeló al imaginario del romanticismo sombrío de la Escocia contemporánea de Sir Walter Scott, con toques truculentos, tales como la relación incestuosa entre Lucía y su hermano Enrico. Las escenas fueron trabajadas como un daguerrotipo decimonónico en donde predominaron los colores oscuros y sepias.

El momento de gracia fue la Escena de la Locura de Lucía, interpretada magistralmente por Lisette Oropesa, tanto desde el punto de vista vocal, como por su desempeño actoral. Una producción memorable.


Medea de Luigi Cherubini, versión original de 1797. Staatsoper unter den Linden. Berlín, Alemania, 2018
Medea de Luigi Cherubini, versión original de 1797. Staatsoper unter den Linden. Berlín, Alemania, 2018

9.- Medea de Luigi Cherubini, versión original de 1797. Staatsoper unter den Linden. Berlín, Alemania, 2018. Sonya Yoncheva (Medea), Charles Castronovo (Jason), Iain Paterson (Créon), Elsa Dreisig (Dircé), Marina Prudenskaya (Néris). Dirección musical de Daniel Barenboim. Producción de Andrea Breth.

La sombra de María Callas persigue a Medea, la ópera de Luigi Cherubini. Toda intérprete es inmediatamente comparada con la performance de la Callas en este papel, para bien o para mal. En esta producción, de la versión original de 1797, se puede decir que Sonya Yoncheva ha superado el reto, convirtiéndose en una de las Medea para el recuerdo.

La puesta de Andrea Breth remarca el carácter de extranjera de Medea convirtiéndola en una inmigrante subsahariana abandonada por Jason, un seductor egoísta en las barracas de un puerto mediterráneo. La furia y los celos de Medea, que terminan en un atroz filicidio, alcanzan una tragedia de envergadura, cuyo principal elemento es sin dudas Sonya Yoncheva, en la plenitud de sus capacidades actorales. Otra producción en la cual la calidad del canto, se impuso a las críticas y discusiones sobre la puesta.


Attila de Giuseppe Verdi. Teatro alla Scala. Milán, Italia, 2018.
Attila de Giuseppe Verdi. Teatro alla Scala. Milán, Italia, 2018.

10.- Attila de Giuseppe Verdi. Teatro alla Scala. Milán, Italia, 2018. Ildar Abdrazakov (Attila), Saioa Hernández (Odabella), George Petean (Ezio), Fabio Sartori (Foresto). Dirección musical de Riccardo Chailly. Producción de Davide Livermore.

La apertura de temporada de la Scala ha escapado de la furia de los logginisti provocada por la presencia del marido de Anna Netbreko como el año pasado. Esta vez, hubo aplausos a la punzante producción de Davide Livermore sobre esta ópera de los “años de galera” de Giuseppe Verdi. La puesta en escena ubicó la acción en una Lombardía cuyas imágenes evocan la ocupación alemana de Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Las atrocidades cometidas por los nazis son representadas en el escenario, mientras la música vibrante de Verdi suena con una clara contradicción. En el tercer acto, la fiesta de Attila para honrar al general romano Ezio es un homenaje a Luchino Visconti en su película La caída de los dioses, junto a otros guiños a Fritz Lang y su Ángel Azul. El cuadro incluyó a bailarinas de cabaret de los años cuarenta, oficiales nazis travestidos, desenfreno y lujuria: un cuadro de la mezcla de sexo y muerte que convive en todo conflicto armado. Esta puesta también puede leerse como una advertencia sobre el fantasma de los totalitarismos que sobrevuela la Europa actual.

Las voces fueron de primerísimo nivel, sobresaliendo Ildar Abdrazakov como un cantante y actor de primer nivel. La soprano Saioa Hernández fue otra revelación, cuyo nombre se integra al gran circuito operístico internacional. Y aunque Davide Livermore ha sido criticado por el uso recurrente de las proyecciones y los efectos especiales, el concepto dramático salió bien parado, en razón de los quince minutos de aplausos que el público brindó al finalizar el estreno.

Ariel Campero

Ariel Campero

Melómano y diplomático. Secretario de Cultura y Turismo de la Embajada de la República Argentina en el Perú

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