Camello Parlante
Gran Teatro Nacional

Mauricio Salas: El teatro debe generar reflexión

Terminó marzo y el Gran Teatro Nacional ha tenido presentaciones con llenos totales. Su primera gran temporada del año, Retablo de Candelaria, a cargo del Elenco Nacional de Folclore, agotó entradas desde días antes del estreno. La misma figura se repitió en conciertos sinfónicos y espectáculos gratuitos. Veamos este asunto no solo como un simple trabajo de ventas -positivo para la escena musical y artística peruana- sino también como el creciente acercamiento de públicos a diversas expresiones, desde el folclore hasta obras monumentales del barroco como La Pasión según San Mateo, que reseñamos en esta web.

¿Qué ocurre después? El público frecuente y algunos círculos académicos se enfrascan en debates sobre las propuestas escénicas, mientras que la nueva audiencia va descubriendo a toda una comunidad con la cual compartir sus aficiones. Esta retroalimentación contribuye a que el Gran Teatro Nacional, como espacio con programación propia y coproducciones, arriesgue y vaya más allá en sus ofertas, comprendiendo que no todo es entretenimiento o que el entretenimiento también puede dejar un mensaje en los espectadores. ¿Hay responsabilidad social en las artes escénicas? El director de programación del Gran Teatro Nacional Mauricio Salas explicó las líneas de su gestión.

Mauricio Salas, director de programación del Gran Teatro Nacional (Fotografía: Ministerio de Cultura)
Mauricio Salas, director de programación del Gran Teatro Nacional (Fotografía: Ministerio de Cultura)

Pablo Macalupú-Cumpén (@PabbloMC): Mauricio, han agotado varios espectáculos y el público es cada vez más frecuente. ¿Qué balance de estos primeros meses de la temporada 2019?
Mauricio Salas:
Estamos madurando y fortaleciendo mucho nuestra estrategia de venta de entradas. Pero, principalmente, no es una estrategia de ventas, sino sobre todo una de gestión de públicos, que es a lo que nosotros estamos abocados. Nos hemos dado cuenta de que necesitamos tener un seguimiento permanente del público. Lo vemos a través de encuestas, de bases de datos, pero a su vez hemos generado un componente enorme de actividades gratuitas.

Lo que hacemos es convocar a personas que están potencialmente interesadas en actividades artísticas (gratuitas) y luego les presentamos la programación del teatro. Entonces, todo está vinculado. Parte de una estrategia de gestión de públicos que nos trae buenos resultados y lo vemos cuando hacemos la encuesta de origen, es decir, de cómo la gente se enteró del espectáculo. Hay muchos que vienen de nuestras actividades gratuitas. Además, hemos lanzado una nueva página web más estructurada, hemos desarrollado estrategias de comunicación directa y los espectáculo tienen un gran atractivo. Los resultados los vemos desde este año. Todo el 2018 ha sido de trabajo y este año ya podemos cosechar un poco estos resultados.

Retablo, por ejemplo, ha agotado toda la temporada desde días antes del estreno… Y es un espectáculo que atrae mucho al público limeño, pero hay sectores artísticos y académicos que ven a esta manifestación como descontextualizada, porque las fiestas tradicionales salen de su espacio original y suben a un escenario. ¿Qué proponen ustedes, entonces?
Hay que leer los planteamientos del Elenco Nacional de Folclore desde un contexto particular. Efectivamente, son propuestas escénicas, su línea de trabajo no es la tradicional. Es la línea de interpretación desde el folclore hacia lo teatral y escénico. Tienen una serie de ideas que vienen del teatro, de la danza contemporánea, inclusive la preparación de los bailarines es de técnica clásica. Obviamente, es una propuesta que no está en la línea de lo tradicional, sino que es contemporánea. Hay que leerlo así, entenderlo de esa manera.

Este tipo de espectáculos contribuye a la difusión de un aspecto de nuestra cultura, que tiene que ver con la creación contemporánea. Obvio, propuestas tradicionales que son mucho más fieles a la tradición que incluso se hacen en otro tipo de contextos no son las que promovemos directamente desde el teatro, al menos a través del Elenco Nacional de Folclore. Lo hacemos con otras agrupaciones.

De hecho, con Candelaria, el teatro presenta el lanzamiento de la festividad y en esa presentación nosotros recibimos a las agrupaciones que vienen de Puno y que participan directamente en la fiesta. Es una versión que adaptamos al teatro pero que es mucho más fiel a la tradición y a la usanza de todas las danzas y de la festividad. Nosotros nos esforzamos mucho de que la comunicación sea más clara para orientar al público por dónde van las propuestas artísticas.  Siempre hay matices y en ese sentido lo importante es saber cuál es la línea estética y artística de la compañía.

A propósito de las propuestas, recientemente vimos en el Gran Teatro Nacional dos puestas que tenían mucha crítica social e incluso mensajes incómodos para ciertos sectores y círculos. ¿Cómo lidiar con ello desde el Gran Teatro Nacional teniendo en cuenta que, más allá del arte, tienen un vínculo de dependencia con el Estado?
Nosotros vamos bajo la convicción de que el teatro debe generar reflexión. El teatro es un espacio para el pensamiento crítico, para la reflexión, para la identificación, para el conocimiento de diferentes realidades. No estamos interesados en un teatro de entretenimiento. Buscamos que cada oportunidad que nosotros tenemos de poner algo en escena dé un cambio profundo. Entendemos esa responsabilidad y tratamos de que la mayoría de nuestros proyectos tengan ese matiz. Este es un proceso. En los primeros años esto fue mucho más difícil de hacer, en la medida de que la producción siempre implica un aprendizaje. Ahora, podemos elegir nuestros temas, nuestras apuestas. Estamos en un momento en que podemos y debemos hacerlo. No solo con la programación artística sino también desde iniciativas como el Programa de Formación de Públicos con temáticas muy claras como la corrupción, la violencia de género o la discriminación. Estamos muy comprometidos de generar este tipo de contenidos, pero siempre con la premisa de que el teatro genere reflexión. El teatro es cambio. No podemos alejarnos de esa premisa básica.

Hace algunas semanas se denunció que la administración municipal anterior reinauguró el Teatro Segura sin haberlo terminado. Esto nos lleva a pensar, una vez más, en la necesidad de dar vida a estos espacios con gestores y artistas, y no solo limitarlos a un alquiler. ¿Qué recomendación daría a la gestión actual de Lima?
Más que una recomendación tendríamos que reflexionar sobre lo que mencionas. Es importante la recuperación de los espacios físicos. Implica recursos. Si lo hacen, en buena hora. Esta recuperación debe ir de la mano con un plan y ese es un plan de gestión. Creo que allí el llamado a la reflexión es que debemos contar con teatros de programación, con teatros que tengan una propuesta programática que orienten y se presenten ante el público. Entonces, el hecho de condenar a la infraestructura a solo “de alquiler” me parece un desperdicio de recursos y una responsabilidad que el Estado tiene en diferentes instancias. Creo que ya tenemos la capacidad y los recursos de poder enfrentar una gestión de programación propia de los teatros. Es lo que merecen los teatros y la ciudad.

Nada más rico y saludable que contar con una ciudad de diez millones de habitantes con teatros con líneas de programación diferentes y que la población sea la que se beneficie de ello.

Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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