Camello Parlante

[CRÍTICA] OSNJB: Mahler llega a buen puerto

Satisfactoria interpretación de la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler en el Gran Teatro Nacional

Gustav Mahler (1860-1911) Quinta Sinfonía en do sostenido menor. Orquesta Sinfónica Juvenil del Bicentenario. Director Pablo Sabat Mindreau. Concierto del 11 de abril de 2019, Gran Teatro Nacional.

El conservadurismo no sólo impera como un estilo de vida en ciertos ámbitos, sino también, en los programas de conciertos de las principales entidades nacionales del Perú. Desde El barbero de Sevilla que nos ofreció el Festival Alejandro Granda, hasta la programación de la Orquesta Sinfónica Nacional, son la prueba de que lo conservador es la tendencia durante este 2019.

Por estas razones, las audacias de programación que se permite la Orquesta Sinfónica Juvenil del Bicentenario son una bocanada de aire fresco que permiten al público escuchar obras relevantes. Desde la Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky hasta la Sinfonía N° 9de Anton Bruckner, han sido hitos de la hermana menor de la Orquesta Sinfónica Nacional,  que ha superado con creces la etapa de la adolescencia para navegar en las aguas de la adultez musical.

La presentación de la Quinta sinfonía en do sostenido menor de Gustav Mahler (1860-1911) es un desafío muy arduo para cualquier cuerpo orquestal. No sólo por la dificultad técnica que la misma implica, sino también, por la siempre vigilante secta de los mahlerianos -uno de cuyos miembros confesos es su seguro servidor-, implacable con sus juicios frente a una interpretación mediocre de las obras de su amado compositor. Por lo tanto, el concierto del día 11 de abril en el Gran Teatro Nacional, representaba para la Orquesta Sinfónica Juvenil del Bicentenario, una prueba rodeada de expectación. Y podemos adelantar que salió airosa, guiada por la mano de su enérgico director Pablo Sabat Mindreau.

Esta Sinfonía de Gustav Mahler fue compuesta entre los años 1901 y 1902, un periodo feliz en la vida del compositor porque hizo su entrada, su musa inspiradora, el gran amor de su vida, la fascinante Alma Schindler. Esta personalidad femenina sería decisiva en el curso de la creación de Mahler porque bajo su influjo, compondría no sólo esta sinfonía, sino la más admirada y estudiada de todas, su Sinfonía N° 6 en la menor, conocida como La trágica. No obstante, la omnipresencia de Alma en la Quinta sinfonía, se escucha en el etéreo adagio, el cual fue inmortalizado por el director de cine, Luchino Visconti, como la banda de sonido de su película La muerte en Venecia. Este movimiento fue la música que expresó ese sentido de decadencia, agonía y nostalgia por la absoluto que ronda en el film descriptivo del amor platónico entre el compositor Gustav von Asbenbach por el joven Tadzio. La música de Mahler se convierte, gracias Visconti, en el sonido perpetuo del drama descripto por Thomas Mann, otro admirador y amigo del compositor. Visconti fue uno de los agentes que permitió que el mundo musical resucitase a Mahler, quien había quedado en el olvido del mundo musical internacional, a pesar de la ejecución de sus obras por directores de la talla de Bruno Walter o de los estudios estéticos de su obra por el filósofo Theodor Adorno.

Durante las décadas de 1970 y 1980, las grabaciones de su obra completa significaron la rehabilitación de su música y el reflejo en su obra de los sucesos del atormentado siglo XX. Por estos motivos, la ejecución de una sinfonía del compositor, es un acto de fe en cada sala de concierto, una destreza que demanda no sólo tocar su música con las manos, sino con “la carne y la sangre” para expresar el martirio y la ascensión espiritual de la obra mahleriana.

Si bien Mahler siempre dijo que la Quinta era una sinfonía de música pura, sin ningún programa extramusical;  su espíritu remite a la madurez en su vida, como también, a su amor por Alma Mahler. Este sentimiento fluye en el cuarto movimiento, el Adagietto, cuya creación es una reelaboración del extático tercer lied Ich bin der Welt abhanden gekommendel ciclo Rückert lieders compuestos en forma contemporánea a esta sinfonía.

La interpretación de la OSNJB comenzó con el solo de trompeta introductorio del primer movimiento: la Trauermarsch, o marcha fúnebre. Este pasaje virtuosísimo de la trompeta es el pre-anuncio de cómo se interpretará la sinfonía en su totalidad. El primer movimiento tuvo el tempo preciso, como un río sonoro que avanzó hacía los violentos tutti orquestales, que marcan la angustia de la muerte. Los cornos de la OSNJB sorprendieron por la claridad y por la amplitud de su sonido, más aún, cuando esta sección de la orquesta suele ser la más débil en su ejecución. El espíritu doliente de las cuerdas estuvo presente a lo largo de este movimiento, colocando al oyente en el centro mismo de la angustia mahleriana que es la emoción presente en la totalidad de esta sinfonía.

El segundo movimiento Stürmisch bewegt. Mit grösster Vehemenzfue la parte de la ejecución, en la cual, el riesgo del desacople de las secciones de la orquesta fue superado con creces. La violencia del choque de los bloques orquestales es el vehículo en los cuales Mahler describió la angustia existencial, un cuadro maníaco, la lucha entre la luz y las sombras de nuestras vidas. El tono de vehemencia de la sección de bronces de la OSNJB, junto a los timbales respondió a lo que la partitura demanda en este pasaje. El sonido de los bronces y de la percusión fue límpido, sin mácula, demostrando un nivel de virtuosismo respetable para una orquesta juvenil. El peligro de un desajuste de las secciones, aconteció durante unos segundos, pero fue superado con la aparición del glorioso coral de los bronces con los cuáles Mahler culmina este movimiento, arrojando un rayo de sol en medio de tanta angustia.

El tercer movimiento, el más amable de la sinfonía, fue un friso de la alegría transmitidas por la sucesión de  landerso danzas campesinas. La OSNJB brindó mordacidad, movimiento y frescura en un pasaje de la partitura que requiere precisamente ese sentimiento de oasis en medio de una lucha de titanes. Los cornos volvieron a lucirse con la sinuosa melodía que dibujan debajo del sonido de las cuerdas, hasta la misteriosa llamada que provoca la expectación de la coda danzante, la cual nos produce una sensación de agotamiento corpóreo.

La sección de cuerda de la OSNJB se lució con todo su esplendor en el Adagietto, interpretado con el trasfondo del arpa, destinado a provocar el carácter nocturno y acuático que caracteriza a este movimiento. El éxtasis amoroso de esta parte de la partitura, no sólo es un canto al amor, sino también, la culminación de languidez erótica de la música de Mahler. En este punto la OJB demostró que sus secciones en forma independiente, – en este caso la sección de cuerdas-,  pueden desplegar  dotes virtuosísimas, lo que explica la excelencia de resultados en otras ocasiones.

El Rondó final fue la culminación del viaje del OSNJB por las inmensas aguas mahlerianas. La estructura clásica del movimiento exige que todas las secciones de la orquesta toquen sucesivamente, en una especie de vorágine sonora con toques de tensiones, en medio de las cuales los bronces vuelven a evocar el coral de metales del segundo movimiento. Aquí los metales de la OSNJB desplegaron su sonido con amplitud y armonía. Salvo pequeñas disonancias en los cornos, el movimiento arribó a un final triunfante, que si bien no careció de solemnidad, el sonido de los bronces denotó con cierta falta de empaste que rompió el encanto de la coda.

En conclusión, un logro más de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Bicentenario con una obra ardua y no muy fácil de introducir en las salas de conciertos. Mayor es el mérito porque son sus intérpretes los talentos del futuro, pero que en muchas aspectos ya han alcanzado la madurez musical, gracias a la dirección de Pablo Sabat Mindreau. Más allá del talento de todo el cuerpo orquestal, una corona de laureles particular lo merece la sección de bronces de la orquesta. De ella dependía de que Mahler arribase a buen puerto, lográndolo satisfactoriamente.

Ariel Campero

Ariel Campero

Melómano y diplomático. Secretario de Cultura y Turismo de la Embajada de la República Argentina en el Perú

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