Camello Parlante

Elīna conquista al Perú

Concierto de Elīna Garanča. Gran Teatro Nacional, jueves 27 de junio de 2019. Selección de fragmentos orquestales y arias de óperas de Pietro Mascagni, Georges Bizet, Francesco Cilea, Camille Saint-Saëns, romanzas de zarzuelas y canciones populares españolas y latinoamericanas. Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario, dirección de Constantine Orbelian.

La cita era ineludible para los melómanos como también para los aficionados del arte lírico. Finalmente, llegó al Gran Teatro Nacional, una de las principales figuras del star system operístico internacional: la mezzosoprano letona Elīna Garanča.

El concierto en Lima fue la culminación de su primera gira sudamericana, la cual cosechó unánimes alabanzas tanto en la Argentina como en el Brasil. Garanča conquistó a los públicos del Teatro Colón y de la Sala Filarmónica de São Paulo con el mismo programa que presentó en Lima.

Gracias al esfuerzo de TQ producciones, en 2018, Anna Netrebko hizo oír su voz en el Gran Teatro. Este año, Elīna Garanča, nos brindó un repertorio que permitió apreciarla en toda la gama de su repertorio lírico.

Quienes seguimos las apariciones de la Garanča, hemos aclamado su extraordinario debut como la Princesa de Éboli en Don Carlo de Giuseppe Verdi, en la producción de Krzysztof Warlikowski, en la Ópera de la Bastilla en 2017. Ni qué decir de su personificación de Dalila en la ópera de Camille Saint-Saëns, o su Carmen de Bizet, cuyas representaciones la consagraron como una de las mezzosopranos del momento.

Nos quedamos con las ganas de escucharla en su debut como la Reina Dido en la producción de Les Troyens de Héctor Berlioz, en abril de este año, en la Ópera de la Bastilla; y pronto podremos escucharla como Amneris en la Ópera de la Gran Canaria, además de una próxima incursión en el repertorio wagneriano, ya que debutará en el papel de Kundry, el personaje femenino principal del Parsifal.

Luchar contra el tráfico de la avenida Javier Prado en horario pico y arroparse bien para soportar la fría noche limeña tuvo su recompensa cuando la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario arrancó las primeras notas de la obertura de Orfeo en los Infiernos de Jacques Offenbach, bajo la batuta del maestro Constantine Orbelian.

Garanča comenzó su recital con el aria Voi lo sapete, o mamma de Cavalleria Rusticana de Mascagni, en la cual pudimos apreciar el volumen de su voz, muy colocada y sin vibrato, resonando en cada espacio de la sala del Gran Teatro Nacional. No sólo su voz produjo impresión, sino también su movimiento corporal, transmitiendo con cada frase musical las emociones descritas en la partitura. A esta introducción, le siguieron dos arias de la ópera Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea, la primera de ellas, Io son l’umile ancella, compuesta para soprano, pero que Garanča supo volcar en su registro con una interpretación de una sutileza exquisita, proyectando matices dulcísimos que resaltaron el apasionado lirismo de este fragmento. La otra pieza de lucimiento fue el aria de la Princesa de Bouillon, de la misma ópera, la apasionada Acerba voluttà, un aria icónica para el registro de mezzosoprano, que permanece en la memoria de los melómanos, gracias a legendarias interpretaciones de cantantes, como Fiorenza Cossotto o Elena Obraztsova. Garanča le imprimió el dramatismo desesperado de una amante despechada, con la dosis de lirismo apropiada para arribar a una espectacular conclusión vocal que llenó todo el teatro. En esta aria pudimos apreciar, cómo Garanča ha madurado su técnica y su registro, cómo el volumen oscuro de su voz posee matices más aterciopelados, ahondando el virtuosismo y el dramatismo de esta partitura verista, en comparación con la grabación de esta aria realizada en 2010.

El público se sumergió en un virtual éxtasis, cuando la interprete encaró la otra célebre aria de la ópera Samson et Dalila de Camille Saint-Saëns. La languidez y la nostalgia amorosa que resuma esta pieza fueron expuestas con maestría, retratando musicalmente a una seductora ante la cual nadie puede resistirse.

Por su parte, la OSNJB tuvo tres intervenciones orquestales un tanto desparejas entre sí. La obertura de Orfeo en los Infiernos de Jacques Offenbach sonó brillante y un poco estruendosa, mientras en la Bacanal de la ópera Samson et Dalila hubo un pequeño desbarajuste en las maderas, alcanzando el verdadero clímax orquestal con el tutti de los bronces, salvando la conclusión de esta pieza danzante. La sección de cuerdas pudo lucirse en la Danza española de la ópera La vida breve de Manuel de Falla, cuyas notas dieron inicio a la segunda parte del concierto.

En esta sección, la tradición zarzuelera del público limeño y el amor de Garanča por la música española confluyeron en un match, que subió la temperatura del recital. Con una muy buena dicción del castellano, Elīna Garanča interpretó la Canción de la Paloma de El Barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri y la famosa romanza de la zarzuela El niño judío de Pablo Luna, De España vengo. Lo hizo con verdadera gracia que entusiasmó a los presentes. Remarcable fue su ejercicio de floreo vocal al estilo flamenco, mostrando su compenetración con la música española.

Y las sorpresas no terminaron allí porque con verdadera soltura escénica y virtuosismo, Garanča cantó la Habanera y la Canción Gitana de la ópera Carmen de Bizet. En esta última pieza, se animó a un zapateo flamenco que arrancó gritos de olé, entre los presentes.

El recital no concluyó ahí porque el público aclamaba con verdadero entusiasmo, mientras la artista recibía varios ramos de flores de manos de los espectadores. Garanča se despidió con unas palabras en castellano, diciendo a modo de broma “voy a tener que dejarme de llamar Elīna y llamarme Madonna”, respondiendo a los vítores de los miembros del Coro Nacional que desde el gallinero expresaban su admiración.

La propina fue bastante generosa. Garanča nos regaló tres bise: la infaltable Granada de Agustín Lara, No puede ser de la zarzuela La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal, para finalizar con una sentida versión de El día que me quieras de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera.  Para ese momento, Elīna Garanča se había metido en el bolsillo a todo el público, no sólo por su arte, sino por su espontaneidad y su simpatía.

A primera vista, Garanča disfrutó del recital y de la respuesta del público, lejos de las tensiones que, aparentemente, surcaron su recital en el Teatro Colón de Buenos Aires en donde no hubo compatibilidad con el director de la orquesta a cargo.

Merece señalarse la cordialidad de Elīna Garanča cuando al finalizar el concierto saludó a los miembros de la Orquesta Juvenil y a los directores de los Elencos Nacionales, para luego firmar ejemplares de su último disco en uno de los salones del Gran Teatro Nacional.

No cabe duda de que esta diva de la ópera demostró que más allá de su arte, es consciente de cuánto le debe a su público. Y nosotros los melómanos le estamos muy agradecidos.

Ariel Campero

Ariel Campero

Melómano y diplomático. Secretario de Cultura y Turismo de la Embajada de la República Argentina en el Perú

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