Camello Parlante

Mónica Canales: “No hay que subestimar al público”

Los primeros recuerdos que tiene Mónica Canales de su relación con la música datan de la infancia. Desde pequeña también estaba convencida de que “nunca iba a ser maestra”, pero era solo un discurso contestatario porque, en la práctica -nos cuenta-, siempre estuvo dispuesta a enseñar a sus compañeros de colegio y de la parroquia que integraban los coros en los que ella también cantaba.

“Yo decía que nunca voy a enseñar, pero lo hice toda la vida. En verdad, no me di cuenta de que lo estaba haciendo”, relata la directora titular del Coro Nacional de Niños con una mirada llena de nostalgia al recordar sus experiencias iniciales y traer a la mente esa imagen de ella, cantando como lo hacen, hoy, sus pupilos, las voces más jóvenes e importantes del Perú.

El Coro Nacional de Niños ha crecido y ha cambiado el estilo de trabajo desde su fundación en 1995. En aquel año pensar en Ministerio de Cultura era un sueño descabellado; el Perú solo tenía el Instituto Nacional de Cultura y el elenco se presentaba, a lo mucho, quince veces al año. Hoy la programación de esta agrupación pueden alcanzar las sesenta funciones.

Sin embargo, de ese primer conjunto salió la generación de artistas que hoy hace carrera importante en la escena musical local e internacional: la soprano Ximena Agurto que se prepara para el rol de Sophie en  Werther, producida por el Gran Teatro Nacional; el tenor Juan Pablo Marcos, a quien pudimos disfrutar en el estreno de La Pasión según San Mateo de Bach en marzo; o al director de orquesta Luis Chumpitazi, que desde niño demostraba su pasión por la música. Mónica Canales fue, junto con Gabriela Quezada, una de las maestras de canto de dichos artistas.

El trabajo artístico con niños pasó por varios cambios desde que Canales entró a dirigir el coro en 2009. Como todo grupo numeroso, este es un conjunto que reúne distintas realidades sociales, distintas cualidades artísticas y, evidentemente, distintas personalidades. Cada ensayo es un reto para los maestros, para la directora y también para los padres de familia. Los resultados artísticos, con el paso del tiempo, son cada vez más satisfactorios.

Todo se ha logrado bajo dos lemas que motivan la vida musical de Mónica Canales. El primero es que el canto no es un privilegio, sino un derecho; el segundo, que nunca, jamás, hay que subestimar al público. Es mejor sacarse los prejuicios, entregarse a la música y no creer que es solo para determinadas audiencias o élites.

Las pruebas están ahí, en su programación. Los chicos del Coro Nacional de Niños pueden cantar hoy la canción tradicional más desconocida de alguna comunidad amazónica en una lengua originaria; mañana, Juditha Triumphans de Vivaldi; pasado mañana, un concierto con música de The Beatles o Queen; y la semana siguiente, hacer una ópera infantil. Se están preparando para todo y debemos verlos, tanto como a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, como la cantera de artistas que en las décadas del 2020, 2030 y 2040 entusiasmarán a los nuevos públicos. ¿Quién sabe que entre ellos esté la próxima estrella global de la ópera o de la música popular? Hay que ser realistas, pero nunca hay que dejar de soñar.

El Coro Nacional de Niños en un programa dedicado a The Beatles (Fotografía: Archivo personal de Mónica Canales)
El Coro Nacional de Niños en un programa dedicado a The Beatles (Fotografía: Archivo personal de Mónica Canales)

Mónica, ¿cuáles son las tendencias actuales en los coros de niños?
Acabo de llegar del World Opera Expo, uno de los eventos más importantes que hay en música coral y yo creo que es el lenguaje visual el que ha ganado mucho terreno. Hay una tendencia a capturar al espectador no solo en lo auditivo sino también en lo visual. Todos los coros sin excepción manejan el canto en movimiento.

Para un coro, popularmente pensado como un grupo estático más propio de una iglesia, es importante también dominar la escena, ¿cierto?
Exactamente.

Pero además el Coro Nacional de Niños llama la atención por su amplio repertorio y versatilidad. Ustedes van de la música popular, a la tradicional, barroca, clásica, romántica y contemporánea. ¿Cómo trabajan eso?
Oswaldo Kuan, el primer director del Coro Nacional de Niños me convocó como maestra de canto. Afortunadamente, he podido ver la evolución del coro. Cuando me invitan a dirigir al elenco, lo primero que hicimos fue dividirlo por edades. Antes había un coro oficial y tres preparatorios que alimentaban a ese principal. Pero como había mucha expectativa, también había mucha deserción. En un primer momento funcionó, pero después no podía seguir así.

Separamos grupos de chicos de 6 a 8 años, de 9 a 11 años y de 12 a 15 años. De manera progresiva y con un plan pedagógico estamos trabajando los diversos repertorios.

Tenemos una serie de líneas fijas importantes a lo largo del año. En febrero, nuestra primera actividad es la ópera infantil, como espectáculo familiar; luego, hacemos el ciclo de música sacra, cercano a la Semana Santa; después, hacemos un programa de rock. En la segunda parte (del año) hacemos otros espectáculos sobre música andina, criolla y hacia final de año un programa de música barroca. Todo esto es posible en relación con los Elencos Nacionales. Cantos del Ande, por ejemplo, lo hacemos con el Ballet Folclórico y el programa barroco con el Coro Nacional y la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario.

¿Funciona a nivel de público?
Cada vez más. De hecho, dentro de la dirección de elencos se ha tomado este modelo para poder hacer temporadas fijas en otros elencos, con programas ya listos. Además, nosotros tenemos un repertorio dominado con obras de compositores peruanos y arreglos de música tradicional de todas las regiones. En cualquier momento el elenco está listo para presentarlo en universidades y otros espacios.

Y cuando presentan música de The Beatles las entradas se agotan rápidamente. Pero ¿cómo va la recepción de la música contemporánea y la música tradicional peruana?
Es más difícil, obviamente, pero me sorprendo. El Gran Teatro Nacional nos pidió hacer un programa solo de música amazónica. Tuvimos que extraer piezas del cancionero Tinkuy y unirlos a un repertorio que ya teníamos de cosas anteriores. Los arreglos que encargué a Sadiel Cuentas son en lenguaje contemporáneo, hay politonalidad. No es tan fácil, son arreglos muy complejos. Y es importante presentar todo ello en un programa didáctico. En la función leo los textos, expongo el contexto, a qué tipo de fiestas pertenecen, así todos están más involucrados. Sobre ese programa yo tenía temor en que el público acepte una hora de esta música, pero todos incluidos niños se conectaron. Eso sorprende y satisface.

Canales también es historiadora del arte y aprovecha las presentaciones del Coro Nacional de Niños para presentar grandes obras de la pintura mundial (Fotografía: Archivo personal de Mónica Canales)
Canales también es historiadora del arte y aprovecha las presentaciones del Coro Nacional de Niños para presentar grandes obras de la pintura mundial (Fotografía: Archivo personal de Mónica Canales)

Usted formó parte del equipo fundador del Coro Nacional de Niños, ¿qué la llevó a ejercer la enseñanza y la dirección?
Desde muy pequeña estaba convencida de que nunca iba a ser maestra (ríe). Es gracioso porque me preguntaron una vez y dije “no, maestra no voy a ser”. Sucedió que yo he integrado coros desde que recuerdo. Cantaba desde niña en coros. Ahí estaba en coro de primaria del colegio. Y en el de secundaria, una vez, el profesor se retiró por un tema de salud. “Y ahora ¿qué hacemos?”, decían todos. Y yo dije, “yo voy a dirigir el coro” (ríe). Creo que fue una cuestión que sin pensarlo surgió de pronto. Lo que pasaba es que paralelamente en secundaria formaba parte del coro de mi parroquia, nos pedían formar pequeños coritos para vacaciones útiles y yo siempre estaba ahí. Y yo: “nunca voy a enseñar”. ¡Pero lo hice toda la vida! No pensé que, en realidad, ya lo estaba haciendo de alguna forma. Yo entré en el 91 al conservatorio y ese año ya estaba de colaboradora en el Coro Nacional y al año siguiente me contratan. Desde ese año estaba trabajando en colegios dirigiendo coros. Si hablamos de años, bueno, es desde siempre. No solo cantando sino también dirigiendo. Eso me ha llamado a tener este apasionamiento por el tema vocal en conjunto.

Y en muchas ocasiones es poco usual ver directoras, más se ven directores.
Sí. Es algo que poco a poco tiene que ir cambiando. En los festivales corales, en su mayor número, son directores varones. Pero en la historia de la música coral peruana ha habido grandes mujeres representantes de la dirección de coros. Si hablamos de Rosa Alarco en la dirección de coros universitarios. De manera más reciente Jean Tarnawiecki. Ella fue un pilar en la dirección coral en el Perú. Estrenó muchas obras importantes. Pero lo que yo rescato y lo que aprendí de ella es el apego a la música vocal contemporánea. Si bien para mí fue un choque, una cachetada, cuando me enfrenté en 1991 al Coro Mundial y a la música vocal contemporánea, yo intentaba buscar dónde se hacía. En el Nacional no se hacía y, sin embargo, lo encontré con Tarnawiecki en la Schola Cantorum.

Ese para mí fue todo un descubrimiento. Ahí trabajabas cuestiones técnicas de emisión vocal y era algo que veía que no se trabajaba aquí, al no hacer ese tipo de repertorio. Ahí está la conciencia de escucha del otro. La música vocal contemporánea te da, no digo que los otros estilos no, sino que sobre todo te exige el nivel de conciencia del otro, que es muy importante.

¿Cuál es el nivel de preparación musical de los integrantes del Coro Nacional de Niños?
Nos sometemos a la realidad. A nivel escolar no sucede lo que pasa en Europa, que se imparten clases de música en que cualquier persona tiene un nivel de lectura. Aquí solo quien está en un colegio de paga puede tenerlo, pero nosotros tenemos que adaptarnos a lo que hay, nosotros nos centramos en ciertas cualidades vocales, ver la forma de desarrollarlas y en el repertorio. La mayoría de estos chicos viven en los extremos de Lima, sumemos ida y vuelta. Resulta sacrificado que vengan tres veces por semana aquí.

¿Cuáles son específicamente las cualidades que buscan?
Necesitamos niños que, de natura, puedan manejar la voz de cabeza. Hay niños que la descubren. Otros te cantan grave a nivel de habla, el Himno Nacional es un claro ejemplo de lo horroroso que resulta todo eso. Entonces aprenden por imitación y se sorprenden y te preguntan, sobre todo los varoncitos: “¿eso no es cantar como mujer?” “No”, les digo, “los niños cantan así”. Entonces, juntos descubrimos que tienen una voz preciosa. Por eso nuestro proceso de admisión ha cambiado. Aquellos niños que no tienen facilidad para la voz de cabeza y que no son afinados van saliendo. Los que ingresan van a un proceso de adecuación de tres semanas. Están con el elenco, compartiendo, y ahí vemos no solo el comportamiento: evaluamos al niño y a la familia. El niño puede ser maravilloso, pero si la familia no colabora, no podemos avanzar. Deben traerlos a tiempo, conseguir las partituras, a que lleguen con las cosas aprendidas.

Es una prueba de responsabilidad…
Exactamente. El 50 % del Coro también es la familia.

Y de hecho, siendo niños, muchas veces van impulsados por lo padres, ¿alguno no le ha dicho “no quiero estar acá, pero mi papá me obliga”?
Claro, hacemos esas preguntas obviamente. En la convocatoria vienen en grupos de diez niños para hacer una evaluación precisa. Hay niños que tienen voces preciosas, pero quieren ser solistas: no les interesa lo que canta el de al lado. Y, lamentablemente, ellos no se adaptan y es lícito que quieran sobresalir, pero no en la experiencia de canto coral.

Tengo una anécdota con Jun Diego (Flórez) que nunca voy a olvidar. En una pausa del Coro Nacional me dice “a ti te gusta cantar en coro, ¿no? Yo te veo, pues, contenta. Yo disfruto y todo, pero no veo la hora de cantar solo”. ¿Ves? Él lo tenía enraizado y eso me hizo reflexionar. Yo disfruto cantando sola, pero no hay cosa que me llene más que trabajar en conjunto.

Es que hay un diálogo musical increíble…
Sí, es un disfrute inigualable… Es una cosa que no cambio por nada.

Y en el ámbito social, se habla de la música clásica como un arte de élite y, según cuenta, los chicos vienen de ambos lados de Lima, ¿qué opinión tiene sobre el tema? Siempre hay un prejuicio respecto de qué grupo escucha la música clásica.
Es difícil y también como historiadora del arte te lo puedo decir. Lamentablemente, hay una frase muy trillada, pero el arte hasta hoy, a ese nivel, es elitista. Es difícil entrar en esos ámbitos. Sin embargo, es sorprendente que sucedan algunas situaciones. Te voy a contar una que nunca la olvido:

Cuando me preguntan de los años que estuve en el Coro Nacional sobre cuál fue el mejor concierto en el que he estado, siempre digo que fue un concierto en Carhuaz un domingo por la mañana.

Llegamos a inicios de los noventa. Terrible: terrorismo y todas estas cosas. Nos anunciaban: “llega el Coro Nacional”. Entramos a la plaza y veíamos cómo la gente bajaba de los cerros, pero no sabíamos si llegaban al concierto o no. Y todos vestidos con cintas de colores maravillosos. Nos llevaron a la iglesia de Carhuaz y estábamos en la sacristía preparándonos para el concierto. No veíamos nada.

Le preguntamos a Andrés Santa María “maestro, ¿habrá alguien? porque creo que todos se han vestido así para una fiesta”. No oíamos el murmullo que puede haber en el Gran Teatro Nacional, por ejemplo, antes de una función. Salimos. La iglesia no tenía bancas y todos estaban ahí parados, en completo silencio, y no solo ellos, sino que fueron con sus animalitos. Todos en completo silencio. El maestro Santa María empezó: “vamos a cantar Tomás Luis de Victoria”, “El Aleluya, de Händel”, etcétera. Terminó el concierto y, mira, que ni los animalitos hicieron ruido. Todos en silencio. Acabamos y no pasaba nada. Todos seguían callados. El maestro hizo el ademán de aplausos y todos gritaron. He cantado en el Concertgebouw de Ámsterdam, en el Colón de Buenos Aires; sin embargo, este, para mí, fue el concierto más sorprendente. Entonces, no hay que subestimar al público. Hay que llevar esta música a todos porque la comprenden de otra forma. Y al final, el arte no está para comprenderlo sino para sentirlo. De eso se trata.

Alguna vez le escuché decir que cantar no es un privilegio, sino un derecho.
Sí claro, me reafirmo en eso.

Entonces, ¿todo niño puede cantar? ¿Todo niño debe cantar?
Todo niño tiene que cantar. Toda persona debe cantar. Cuando una persona dice: “es que yo no canto, es que yo no puedo cantar” o te han metido en la cabeza que el canto es un privilegio y el canto no es un privilegio, es un derecho. Yo creo que cada uno tiene que darse la oportunidad de cantar. Es parte de nuestro lenguaje.

En un proyecto con Ópera Joven, Canales comprobó que, efectivamente, el canto es un derecho de todo niño. En este proyecto participaron menores que nunca antes habían tenido experiencia musical ni escénica (Imagen: Archivo personal de Mónica Canales)
En un proyecto con Ópera Joven, Canales comprobó que, efectivamente, el canto es un derecho de todo niño. En esta iniciativa participaron menores que nunca antes habían tenido experiencia musical ni escénica (Imagen: Archivo personal de Mónica Canales)
Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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