Camello Parlante

Óliver Díaz: “No imagino un mundo sin ópera”

El maestro Óliver Díaz siente que una parte de su alma es peruana. Es asiduo por estas tierras. Sus vacaciones de julio las pasó recorriendo diversas ciudades del país, pero donde deja la energía y la pasión es en el foso del Gran Teatro Nacional. El año pasado comentábamos su destacable trabajo en la dirección de Alzira, de Verdi. Este viernes vuelve para desempolvar -en el repertorio nacional- una joya de la ópera francesa: Werther, de Jules Massenet. Obra complicada, con un reparto exigente, tiempos justos para coordinar la producción, pero con el entusiasmo que genera cada visita al Perú.

Díaz es director musical del Teatro de la Zarzuela y hace algunas semanas presentó un concierto con el mítico Plácido Domingo. Las recientes denuncias contra el veterano cantante por presunto acoso sexual han caído como un balde de agua helada a toda la escena lírica mundial. No hay reunión musical en la que no se trate el tema, un asunto que ha estado rondando desde hace varios años con los casos de James Levine y Daniele Gatti. Las acusaciones contra Domingo intentaron ser fulminantes, pero lo que el juicio mediático no previó fue la ola de declaraciones públicas de respaldo al barítono y director de orquesta. 

La posición de Óliver Díaz sobre el caso de su compatriota es clara y la expresó justo horas antes de nuestra entrevista el martes 20 de agosto. Él conoce a Domingo y lo considera incapaz de hacer daño a alguien. No es un grito en un desierto. Miles de voces entre músicos, cantantes, productores, directores artísticos, aficionados y otros han salido en defensa del legendario artista.

Y, en medio de este tema, han surgido más puntos de debate, tal como lo hizo The Washington Post a través de una opinión el lunes 19 (enlace al final del texto). ¿La ópera acaso está muriendo? ¿Debe morir? ¿Nos estamos aferrando a un género ya pasado de moda? ¿Por qué insistir en producciones tradicionales y no innovar sobre escena? ¿Por qué menos ópera contemporánea y más Verdi o Puccini? Las interrogantes son muchas. El tiempo es corto. Sin embargo, el maestro Óliver Díaz responde con elocuencia y con la claridad con la que dirige a sus orquestas. 

Usted ha publicado un respaldo público a Plácido Domingo en medio de las denuncias por supuestos casos de acoso sexual. ¿Qué opina de este tema?
Estas situaciones siempre son comprometidas, difíciles. Yo lo único que puedo comentar es mi experiencia con el maestro, con Plácido Domingo. Vengo de trabajar con él ahora, hace un mes prácticamente. El seis de julio fue el último concierto que hicimos juntos en el Festival de Orange, y bueno, ya hemos trabajado unas cuantas veces con él. No vamos a hablar de él como artista porque creo que está por demás. Domingo ha sobrepasado el hecho de que a unos puede gustar y a otros no. Es un mito. Es una cosa que está por encima del bien y del mal en ese sentido. Y como ser humano, lo único que puedo decir es que la primera vez que le vi y que trabajé con él, ha sido exquisitamente amable, tremendamente humilde, cariñoso, bondadoso en todos los sentidos, generoso para lo que se necesite. Conozco también un poco a su familia. Y me sorprende mucho. Lo veo incapaz de hacer eso. Sinceramente, lo digo con el corazón. Lo veo como un ser humano extremadamente bondadoso incapaz de hacer daño a nadie. 

De hecho, las reacciones en el mundo de la ópera han sido casi unánimes y muchos lo respaldan en oposición a lo que dice la historia publicada por AP y los activistas que aseguran que las denunciantes vieron frustradas sus carreras por este asunto.
Estamos hablando de acoso. El propio Domingo lo dice en las primeras declaraciones, cero tolerancia con esas cuestiones, pero no se puede acusar a la ligera. Hay que tener pruebas y ¿dónde está la presunción de inocencia? Creo que es un tema muy delicado y que deberíamos pensarlo.

Y también hay un juicio mediático…
Claro. Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y cómo se hace. Y, evidentemente, ha habido miles de casos de acoso, hay que castigarlos pero, efectivamente, que sea así cuando son ciertos. En este caso, yo repito lo mismo. Lo digo con el corazón en la mano. Domingo me parece incapaz. Es la amabilidad hecha persona y la humildad. Es un absoluto gentleman

A propósito de este tema, el caso de James Levine o las polémicas por las Aidas blancas con piel bronceada en maquillaje, The Washington Post publicó un texto sobre “dejar morir a la ópera”. A grandes rasgos, el texto habla sobre nuevos repertorios y el hecho de abandonar las producciones de estilo más antiguo. ¿Qué opina de estos puntos de debate?
Creo que cualquier discusión alrededor de ello es saludable. Que todos nos enfrentemos a lo que hemos hecho hasta ahora y lo que hacemos, y nos cuestionemos, es saludable. Es correcto, es bueno para la ópera. Es bueno para el arte en general. El arte es filosofía, es pensamiento. Entonces, debemos discutir, debemos pensar, y es obligada la reflexión y la discusión. Hay que escuchar a todo el mundo. La controversia es sana en ese sentido. 

La cuestión de que la ópera esté muerta o no, no me parece. Aquí estamos hablando de reinterpretaciones, no de creaciones originales. Aún así, se sigue creando ópera, se sigue creando zarzuela. Yo soy el director musical del Teatro de la Zarzuela y tenemos el estreno de dos obras. Una ya está estrenada, con el autor vivito y coleando, joven además. Y en ópera se están estrenando muchas cosas. Por lo tanto, muerta no está. 

La controversia es normal, en lo que nosotros vivimos, en nuestro tiempo. Eso es natural, eso ocurrió. Fíjate todo lo que pasaba en París a principios de siglo XX con Diáguilev, Stravinsky, Debussy y todo lo que se generó en torno a ellos. Pero han pasado cien años y ya son los grandes clásicos. 

Esto es así porque evidentemente los artistas, los creadores, normalmente, avanzan más rápido que el resto de la sociedad. Son los grandes pensadores, los grandes dinamizadores del mundo y de la cultura. Es normal que algo que va muy por delante de nosotros no lo entendamos, que nosotros lo veamos y nos parezca que no tiene sentido, que no nos convence o que no entendemos. Debe pasar tiempo para que sean comprendidos. Esto también lo digo por las puestas en escena modernas en las obras clásicas.

Aquí hay una cuestión. Las grandes obras de arte. Las grandes obras literarias, las grandes películas no pasan de moda nunca por una sencilla razón: normalmente hablan de las pasiones, del amor, de los celos, de la muerte, de la vida, que son cuestiones inherentes a la condición humana. Luego, ha sido así hace muchos años y lo seguirá siendo el resto de la vida. Da igual el tiempo que pase, pero nuestras preocupaciones principales seguirán siendo la muerte, el amor, los celos. Eso hace que las grandes obras de arte no pasen de moda y que puedan ser actualizadas. Hay obras que soportan la actualización más que otras. Entonces, por responderte, la ópera no está muerta, para nada, ni el arte en general.

Ni tampoco hay que “dejarla morir”, como plantea la opinión en mención…
No, no, para nada. Sería una locura. A ver, entiendo que plantea dejarlo morir para dejar paso a otras formas artísticas y eso es una evolución de la propia línea artística. Pero no dejar morir para dar paso a otra. ¿No?

Y a propósito de actualizar temas clásicos, ¿cómo hacer actual a Werther? De hecho, esta es una historia muy propia del romanticismo.
Ciertamente, nuestra producción no es actual, es más bien una representación clásica. Pero en Werther estamos hablando de los grandes estamentos de la sociedad, en cada uno de los personajes,  y estamos hablando también de las grandes pasiones humanas. 

Por un lado tenemos a Charlotte y a Albert, víctimas de alguna forma de los estamentos sociales, de la moralidad, de esa rigidez que no le permite a ella dar rienda suelta a ese amor que siente por Werther, como termina confesando.  

Por su parte, Werther representa al personaje romántico por excelencia, en el sentido más avanzado, más soñador, más fuera de este mundo, que no se sujeta de las convenciones. Es un personaje más bien atemporal. 

Es curioso lo que provocó el Werther de Goethe, con el llamado efecto Werther. Mucha gente se suicidó tras leer el libro. En realidad, Werther está enamorado de Charlotte, pero no importa tanto Charlotte, podría estar enamorado de la pared. La cuestión está en su cabeza, es el eterno romántico  que tiene un mundo interior tan fuerte que de repente aquí contempla una belleza que imagina. Es un poco quijotesco con la idea de Dulcinea y todo eso. El amor está ahí y es su personaje. Representa esa modernidad como en su día Mozart lo representó con el convidado de piedra, el comendador. 

Charlotte es el personaje perfecto y así lo representa Massenet con esa triada en acorde mayor, además en la mayor y mi mayor, que son los acordes más redondos en ese sentido, que dan la sensación de estar libre de impurezas. Pero una vez más, esa es una visión de Werther. No es Charlotte en sí misma. 

Sophie y los niños son el futuro, la inocencia, la creencia de que todo el mundo es maravilloso y demás. 

Por otro lado, tenemos en esas últimas frases de Werther la condena de la iglesia al suicidio. Y de hecho esa moralidad con la religión está presente desde el inicio cuando dice: “¿mi amor es puro o no es puro?”, y además, “no es mejor que yo diera fin a mi vida en lugar de yo deshonrar a una mujer”, y lo otro es que “¿acaso Dios no me va a acoger, como un padre cuando acoge a su hijo, por terminar con mi sufrimiento?”. En fin, todas estas cuestiones morales están en la obra y son reales como la vida misma, porque hay gente que sigue con los mismos problemas. Hay quienes hablan sobre suicidio y salvación, aborto y otros temas. Es totalmente actual, ¿no?

Y claro, es como un debate entre conservadores y progresistas.
Totalmente. Para mí esto es claro y ahí está no solo la genialidad de Massenet sino de Goethe. Goethe y Beethoven con el Sturm und Drang con la idea del comienzo del romanticismo, en realidad para mí son dos de los más grandes artistas de todos los tiempos. No solo por lo que ellos crearon, sino porque cambiaron la forma de vivir. Esta capacidad solo tienen los grandes visionarios, los grandes artistas que son capaces de trascender a todo lo que está sucediendo y mover el mundo. De hecho, ellos dieron una vuelta de tuerca más para que nosotros vivamos el mundo tal como ellos entendieron. Esa liberación. Hay que recordar que hasta Beethoven los músicos anteriores formaban parte de los sirvientes, Haydn estaba con los Esterhazy. Beethoven consintió que lo patrocinaran, pero él no vendía su arte, jamás. Y un poco Goethe está en esa misma línea. A partir de ahí nace el mundo tal y como lo conocemos hoy en día. Hasta ahí llega esa importancia.

Óliver Díaz (Fotografía: website oficial del director)
Óliver Díaz (Fotografía: website oficial del director)

Usted es un asiduo visitante al Perú, el año pasado dirigió una estupenda versión de Alzira. ¿Cómo va el trabajo de esta producción?
Bueno, he de decir que tengo una parte de mi alma peruana. Disfruto mucho cada vez que vengo y la verdad es un lujo estar aquí. Creo que hace muchísimo tiempo no se ha hecho Werther, pero es una obra que no podía faltar en el Perú y que el público peruano tiene que escucharla en directo.   

Massenet tiene muchas obras populares como Werther o Manon, pero también tiene otras óperas importantes que se programan menos (Thaïs, Esclarmonde, Sapho). ¿Esta es la primera que dirige de este compositor?
Sí, es la primera obra completa que dirijo de él y para mí es quizás la más representativa. Además, es una ópera en la que él está muy concentrado en el drama, en la música, en la escena, en todo. Recordemos que aquí no hay ballet, no hay coro, solo coro de niños. En suma, es una obra concentrada tremendamente en los personajes principales. Es como la esencia de la ópera misma. Es compleja en cuanto a todo, en cuanto a los leitmotivs, en cuanto al desarrollo temático, en cuanto al tejido, en cuanto al color.

Y la música no para nunca, hay continuidad, es casi wagneriano…
Claro, es que él era un gran admirador de Wagner. Y, efectivamente, es de una continuidad maravillosa y los leitmotivs cómo van conectando y desarrollándose. Lo disfruto muchísimo.

Las tendencias generales de la ópera en América, incluido Estados Unidos, es más conservador, si lo comparamos con Europa. ¿Cuáles cree que son los retos que enfrenta la ópera de hoy a nivel ideológico, de industria, de producciones, artístico en general?
Es lógico que aquí suceda eso. Europa lleva haciendo ópera en los grandes núcleos. Es normal que, en ese sentido, se avance más en todos los ámbitos. Cuando uno lo hace, se corre el riesgo  de abrir mucho el abanico, luego acierta y luego no. La ópera de los próximos años y decenios y siglos y lo que sea, debe arriesgar y hay que ir abriéndose camino. No sabemos si estamos en lo cierto. Ahí se levantan muchas voces discordantes, como decía al principio. Ese debate es sano. Mantiene viva la llama de la ópera. 

Es normal que aquí en Latinoamérica seamos más conservadores. Eso no es nada malo, porque pueden aprender de los errores de otros sitios. Se pueden aprender y no cometer los mismos errores. Como dije antes, esta profesión y el arte en general está vivo. Es necesario.

No me imagino un mundo sin ópera, sin arte. Ya más que no me imagino, no quisiera estar en un mundo así. Porque la sensibilización y todo lo que hablamos hoy en día de la incomprensión, de los problemas raciales, eso tiene que ver solo con la sensibilidad, con la creatividad, con la educación y eso al final nos lo da, pues, eso: el arte es una de las disciplinas más importantes para sensibilizarnos. 

En cuanto a las redes sociales, la modernidad, la industria discográfica, se ha dado un cambio adaptado a estos tiempos. Son cosas que pasan en todos los ámbitos de la vida y por supuesto a nosotros también nos ocurre. La industria ha tenido que reinventarse, los grandes sellos han tenido que hacerse agentes y promocionar la carrera de un artista y conciertos en directo. Lo digo también por el pop y rock. Es renovarse o morir. Forma parte de la propia vida y de estos tiempos. Cuesta, siempre, pero hay que hacerlo.  Todos nos hemos acostumbrado a las redes sociales, a hacer cosas, porque hay que aprovechar las nuevas tendencias. Seríamos estúpidos si no lo hiciéramos. 

Y prueba de que el maestro Díaz aprovecha muy bien las redes sociales, explica en este video el desarrollo de los personajes en Werther.

Maestro Óliver Díaz (Fotografía: La Nueva España)
Maestro Óliver Díaz (Fotografía: La Nueva España)

El artículo de opinión de The Washington Post al que hacemos referencia está disponible aquí (“To save opera, we have to let it die”)

Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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