Camello Parlante

Avi Avital: “La música debe ser accesible a todos”

Así como asociamos a Andrés Segovia con el rescate moderno de la guitarra clásica o a Jordi Savall haciendo lo mismo con la viola da gamba, la mandolina tiene, hoy, a su principal embajador: Avi Avital. Llevar este instrumento a las salas de concierto no ha sido fácil. Lo ha logrado con años de trabajo, convenciendo a programadores, rescatando repertorio, preparando arreglos.

Durante mucho tiempo, la mandolina quedó relegada como un instrumento “aficionado”. Ciertamente, es importante tener en cuenta que su sonido está asociado a la música tradicional, tal como ha ocurrido con numerosos instrumentos de cuerda pulsada en otras partes del mundo.

Avi Avital llega invitado por la Sociedad Filarmónica este sábado 24 para un concierto en el Auditorio Santa Úrsula con música de Sammartini, Vivaldi, Felice dall’Abaco, Bach, Mendelssohn, Bartók y De Falla. Lo acompaña la Orquesta L’arte del Mondo, de Alemania. “Llevo a Lima un programa panorámico para que el oyente pueda disfrutar las diferentes caras de la mandolina, desde Vivaldi y Bach hasta música clásica inspirada en el folk. La audiencia experimentará ese aspecto camaleónico de la mandolina”, asegura.

Mandolinista israelí Avi Avital
Mandolinista israelí Avi Avital

Maestro, ¿por qué la mandolina se mantuvo, en cierta forma, olvidada por los compositores e intérpretes en la música clásica?
En el siglo XVIII la mandolina se asociaba principalmente con la nobleza y especialmente con jóvenes doncellas que tocaban la mandolina como su instrumento de “educación musical”, junto con el arpa y el clavicordio. Debido a sus pequeñas dimensiones y su sonido suave en ese momento se consideraba como un instrumento de “salón” y no uno que pudiera escucharse en un gran teatro. Esa imagen de instrumento “aficionado” se mantuvo durante los siguientes dos siglos.

Y, sin embargo, la mandolina también estuvo ligada a la música popular y tradicional…
El sonido de la mandolina está asociado con la música folklórica de diferentes tradiciones. Para entender por qué, tenemos que mirar a la familia más grande de la mandolina: los instrumentos de cuerda pulsada, que tienen características y sonido similares. Casi todas las tradiciones musicales del mundo, desde las más antiguas, tienen un instrumento punteado que toma el papel principal en la tradición instrumental: en la música india es el sitar, en la música china es el pipa, en Grecia es el buzuki, en Rusia la balalaika, o el charango n partes de América del Sur, el oud en música árabe, el saz en Turquía, la tamburica en los Balcanes, Kora en África, etcétera.

Es por eso que el sonido de un instrumento de cuerda pulsada (en la tradición de la música clásica, es la mandolina) se asocia muy a menudo con la música folklórica en nuestras mentes, sin ningún tipo específico de música folk. Para mí, como intérprete, esta es una increíble fuente de metáforas que puedo usar: cuando toco música de compositores rusos en la mandolina, inmediatamente suena más “ruso”; cuando toco Vivaldi inmediatamente suena más “italiano”, y cuando toco el Cuarteto americano de Dvořák en la mandolina sonará más “americano”, ya que la asociación será en este caso con el bluegrass).

Con la mandolina usted también ha explorado la música popular y tradicional, a veces categorizada como world music. Me llamó la atención que Maroc, en Avital meets Avital, hay sonidos y ritmos que pueden recordarnos a la música afroperuana. ¿Qué podría comentarme de estos diálogos musicales, así como de los aportes de la música tradicional a la clásica?
A la larga todos los géneros musicales son dialectos diferentes del mismo idioma. La naturaleza de mi instrumento, como se ilustra en la pregunta anterior, junto con mi interés personal en diferentes tradiciones musicales, algunas de las cuales son parte de mi propio ADN cultural (música del Medio Oriente, música marroquí), me llevaron a integrar estos elementos “contrastantes” (música clásica y folk) con bastante frecuencia en mis proyectos.

Maroc, por ejemplo, es una interpretación libre. Una composición basada en los ritmos marroquíes con los que Omer (quien la compuso) y yo crecimos. Pero al estar compuesto en nuestros días, realizado por nosotros, muestra todo lo que hemos experimentado musicalmente a lo largo de nuestras vidas. Otro ejemplo es Ana Maghrebi (del mismo álbum). El título significa “Soy marroquí” y la composición tenía la intención de tener un sabor andaluz, pero cuanto más lo tocábamos, comenzó a tener este ambiente caribeño que Omer probablemente aprendió viviendo en Nueva York y colaborando con músicos estadounidenses de centro y sur. Así que fuimos a eso y se siente tan “en casa” como la parte marroquí, ¡A pesar de que ninguno de nosotros puede bailar salsa!

¿Qué opina que la música clásica siga etiquetada como música de élite?
La música clásica, por supuesto, no es elitista por su naturaleza. Es cierto que históricamente, esta tradición se desarrolló en contextos bastante privilegiados: cortes, espacios de nobleza, reinos ricos, instituciones religiosas poderosas, etcétera. Pero la música en sí no tiene nada que ver con eso y debe ser accesible para todos.

Uno puede pensar en la diferencia, en general, entre el arte y el entretenimiento. El último, que todos consumimos y disfrutamos, tiene diferentes beneficios que el arte. El arte, en todas sus disciplinas, es más abstracto y, por lo tanto, nuestra imaginación juega un papel bastante activo cuando leemos un libro, un poema,  cuando miramos una pintura de Picasso o cuando escuchamos a Brahms.

El disfrute de experimentar el arte es diferente por naturaleza al que tienes cuando ves una comedia en Netflix –¡y no estoy sugiriendo que debas dejar de ver comedias!-. Los beneficios que puedes tener de practicar y experimentar el arte, desarrollar la imaginación y la empatía, por lo tanto, son enormes, como individuo y para la sociedad.

¿Usted cree que su aporte como músico e intérprete está motivando a los compositores más jóvenes a experimentar con la mandolina?
De hecho, creo que para que la mandolina vuelva al canon de la música clásica es clave crear un corpus significativo de repertorio de alta calidad. He estado alentando a los compositores a escribir para mandolina y he estrenado más de cien nuevas piezas escritas para el instrumento en los últimos veinte años. Mis siguientes dos grandes comisiones son dos conciertos de mandolina, uno de la compositora estadounidense, ganadora del Premio Pulitzer, Jennifer Higdon y el otro del compositor y violonchelista italiano Giovanni Sollima.

Y del repertorio clásico, ¿cuál es su favorito?
Mi compositor favorito es Bach. Hay un grado de universalidad en la música de Bach que es única. He tocado la música de Bach toda mi vida y todavía cada vez que toco descubro algo nuevo.

¿Cuáles cree que son las oportunidades y retos que enfrenta la industria musical hoy?
Creo que la experiencia de escuchar un concierto en vivo nunca ha sido más relevante: una hora y media en la que no haces nada más que escuchar música hermosa es casi imposible fuera de la sala de conciertos hoy en día. Esta es la parte alentadora.

El desafío de la industria es que las personas en el siglo XXI tienen cada vez menos tiempo libre y la competencia en este tiempo libre es enorme. Cuando tengo una noche libre para mí, mis posibilidades son infinitas: estoy a solo unos clics de todas las películas, series de televisión y música del mundo. Por suerte, siempre sé que si elijo salir de casa y alejarme de mis dispositivos e ir a escuchar un concierto o visitar el museo o el teatro no hay posibilidad de que me arrepienta.

Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical y de asuntos internacionales. Trabajo en TV Perú y colaboro con la revista Caretas. Escribo en Camello Parlante desde 2007. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural.

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