Camello Parlante

[CRÍTICA] Los outsiders de la ópera

Lima Ópera Fest, segunda edición. Teatro Municipal de Lima, 17 y 18 de noviembre de 2019. Der Schauspieldirektor de Wolfgang Amadeus Mozart; Prima la musica e poi le parole de Antonio Salieri. Silvana Leonor Gómez, soprano; María del Carmen Rondón, soprano; Wilson Hidalgo, tenor; Luis Asmat, barítono. Dirección de escena: Lorenzo Albani. Dirección de orquesta: Javier Súnico. Dirección artística: Jean Pierre Gamarra.


A estas alturas, la sociedad de los directores de escena Jean Pierre Gamarra y Lorenzo Albani tiene bien merecido el rótulo de los “outsiders” de la ópera local. Lejos de los rituales y de los códigos del círculo lírico tradicional de la ciudad -léase, el Festival Alejandro Granda o la, hoy silenciosa, Asociación Romanza-, esta dupla de amigos continúa embarcándose en audacias líricas que pueden ser llamadas heroicas, en un tiempo de vacas flacas y de pocos auspiciadores. El mismo Jean Pierre Gamarra confesó a este portal sobre las dificultades para conseguir patrocinadores para solventar la patriada de producir ópera de manera independiente en los teatros limeños.  Y, aunque en los programas del festival figuren algunas instituciones culturales, la ayuda económica para el festival de este año fue de una pobreza cuasi franciscana.

Quizá este contexto explica mucho mejor porque el Lima Ópera Fest resultó otra aventura de amigos que apostó por dos títulos breves de la producción de dos de los archirrivales de leyenda en la historia de la música: Der Schauspieldirektor de Wolfgang Amadeus Mozart, y Prima la musica e poi la parole de Antonio Salieri. Dos óperas de corta duración que fueron estrenadas en una misma velada en 1786, como un encargo del Emperador José II del Sacro Imperio Romano Germánico para homenajear a su hermana, la Archiduquesa María Cristina, y a su cuñado, el apasionado coleccionista de arte y príncipe Alberto de Sajonia-Teschen, quienes arribaron a Viena para una visita familiar. Y como la familia de los Habsburgo celebraba los acontecimientos familiares por todo lo alto, lo más apropiado para la ocasión fueron dos óperas encargadas a Mozart y a Salieri, para agasajar a los cuñados imperiales en los jardines del Palacio de Schönbrunn.

Este suceso musical cimentó, en parte, la leyenda de la rivalidad entre los dos compositores. Quizás por la diferencia de honorarios pagados a ambos compositores, porque Mozart cobró bastante menos que la suma abonada a Salieri. Más allá de la coincidencia histórica, este estreno conjunto fue una conjunción extraordinaria del talento de ambos, cuya producción musical expone las similitudes y las diferencias entre Mozart y Salieri.

Revivir dos títulos operísticos en tono de comedia del siglo XVIII en pleno 2019 puede antojarnos a una especie de arqueología musical. Sin embargo, cuando los directores de escena recurren a esos títulos como una excusa para satirizarse a ellos mismos o al mundo de la lírica, estas piezas adquieren una actualidad inesperada. Semanas atrás, la crítica internacional aclamó el trabajo del director de cine francés Clement Cogitoire al interpretar la ópera Les indes galantes del compositor barroco francés, Jean-Philippe Rameau en la Ópera de la Bastilla como una alegoría de lo que resta del antiguo imperio francés: multitudes de inmigrantes subsaharianos, batallones anti-motines, junto a danzas de hip hop o de breakdance, bailadas al ritmo de las melodías cortesanas dieciochescas. Los espectadores sucumbimos al encanto salvaje de la música de Rameau danzada por esos inmigrantes africanos, presentándonos una visión completamente transformada de la música barroca.

Un espíritu similar sopla en la producción de Lorenzo Albani, quien ha trasladado una aguda e irónica crítica de la realidad del Lima Opera Fest dentro de  la trama de ambas óperas. Estas fueron representadas en la trastienda de un gran teatro y en la buhardilla despojada de un poeta empobrecido. Claro que en Der Schauspieldirektor de Mozart la acción y los personajes fueron una sátira de los egos de las grandes divas del mundo de la ópera. En esta obra, la interpretación de ambas sopranos, la argentina Silvana Gómez y la local María del Carmen Rondón se ajustaron a la limpidez y la picardía de la partitura mozartiana. Gómez demostró una mayor técnica y un manejo escénico creíble, aunque la verdadera revelación fue María del Carmen Rondón, quien no se quedó atrás con sus proezas vocales.

Es notorio cómo la música de Mozart resulta más atractiva y más cercana al género bufo, que el estilo de la opera de Salieri. En la primera de ellas, fue excelente la actuación de Wilson Hidalgo, como el empresario teatral, tanto en sus partes actuadas como en las cantadas, acompañado por el barítono Luis Asmat correcto tanto en Mozart como en la pieza de Salieri.

La ópera de Mozart tuvo el efecto de hacer reír no sólo por los gags de los cantantes sino por la claridad de su música. En una competencia imaginaria de talentos no dudaríamos en votar por él, ya que Prima la musica e poi le parole de Salieri nos suena en exceso a “mucho de Haydn”, la cual pretende burlarse de lo pretencioso, pero termina convirtiéndose en aquello que busca criticar.

Aunque la música de Antonio Salieri tiene toques de ligereza y humor la intervención de los mismos intérpretes vocales no salvó a esta pieza corta de esa sensación de pesadez dieciochesca frente a la gracia etérea de Mozart. Lo sentimos por Salieri pero, en esta competencia imaginaria, sus dotes empalidecieron frente a  la dionisíaca eficiencia y el humor mozartianos. Ciertamente, en Prima la musica e poi le parole, la interpretación de las sopranos Gómez y Rondón fue lo más destacable junto a las actuaciones de Hidalgo y de Asmat, llevando a buen puerto esta ópera corta, sin mayores fuegos de artificios.

La orquesta del Festival, ensamblada y dirigida por Javier Súnico Raborg estuvo a la altura de las expectativas, porque la límpida partitura de Mozart y los sonidos clásicos de Salieri fueron ejecutados con corrección y sin destellos fulgurantes.

Sin embargo, lo meritorio de esta producción fue el trabajo de Lorenzo Albani, quien no descuidó ningún detalle visual, aprovechando al máximo el escenario despojado del Teatro Municipal. El vestuario, entre lo historicista y lo moderno logra ensamblarse con exquisito gusto tal como es la marca típica de Albani. La iluminación fue otro trabajo memorable porque supo crear los ambientes necesarios durante la representación de ambas óperas. Utilizando una plataforma como el esqueleto sobre el cual transcurrió la acción dramática de ambas piezas, “lo despojado” fue todo un mensaje paródico sobre la “pobreza” del festival, utilizando el recurso del “teatro dentro del teatro”, para mostrarnos ese trasfondo de la fábrica operística. Toda una alegoría de lo que significa producir ópera en el Perú, una aventura financiera con resultados impredecibles, pero que a su vez, fue una catarsis lúdica sobre la situación. Hasta el propio Lorenzo Albani apareció en escena corriendo de un lado al otro, transportando muebles y vestuario, mientras las divas y los músicos disputaban sus egos canoros.

No obstante, el más importante resultado de este Festival ha sido el acercamiento de un público distinto al habitual en este tipo de eventos musicales. La cercanía del Rímac y de los Barrios Altos al Teatro Municipal provoca que una audiencia curiosa, instintiva y respetuosa acuda al teatro para participar en un evento completamente ajeno a su cotidianeidad. Y el resultado ha sido sorprendente, porque en las actividades previas, como en el concierto de arias del día lunes 12 de noviembre, en la conferencia del día siguiente, o en el concierto con obras de Mozart y Salieri, ese nuevo público demostró una sensibilidad y respeto al cual no estamos acostumbrados en otras veladas musicales más rutilantes. Los aplausos fueron espontáneos y agradecidos tanto hacia los intérpretes como hacia la producción en cada uno de los eventos del festival. Incluso las entradas se han vendido principalmente en distritos de Lima Norte, Lima Este y Lima Sur, en lugar de distritos con “público lírico” como San Isidro. Bien pueden Jean Pierre Gamarra, Lorenzo Albani y sus amigos sentirse más que satisfechos, porque estos “outsiders” operáticos siguen sorprendiendo y atrayendo nuevos fans a un género que está más vivo que nunca.

Una escena de Prima la musica e poi le parole de Salieri (Fotografía: Lima Opera Fest)
Una escena de Prima la musica e poi le parole de Salieri (Fotografía: Lima Opera Fest)
Ariel Campero

Ariel Campero

Melómano y diplomático. Secretario de Cultura y Turismo de la Embajada de la República Argentina en el Perú

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