Camello Parlante
Maestro Kent Nagano (Fotografía: Sergio Veranes Studio)

Kent Nagano: “Es muy importante proteger el arte”

Por Pablo Macalupú-Cumpén (@pabstermeister)

Una voz serena y cordial me explica en detalle sobre la importancia de la cultura para nuestra sociedad y el respeto a la sensibilidad de la audiencia. Es la voz de Kent Nagano (California, 1951), uno de los directores de orquesta más respetados del mundo. Colaborador y amigo del legendario compositor Olivier Messiaen. Un artista que comprende e interpreta con acierto la música desde el periodo barroco hasta la creada por las nuevas generaciones. El responsable de llevar a nuestros oídos los estrenos mundiales de obras que se van agregando al repertorio más importante de la música occidental. ¡Qué duda cabe! Esa primera impresión ha sido clave para que se haya apreciado en toda su magnitud la música contemporánea. Un gran conversador. Un amante de la buena música. Un devoto de Johann Sebastian Bach.

Nagano es de origen japonés, pero californiano de nacimiento. A finales del siglo XIX, sus abuelos se establecieron en la costa del Pacífico de los Estados Unidos, en un zona llamada Morro Bay, lejos de las grandes ciudades como San Francisco y Los Ángeles. Eran agricultores pero, como todo inmigrante que desea un mejor futuro, buscaron oportunidades para sus hijos. El padre del maestro Kent se graduó en arquitectura y matemáticas; su madre era microbióloga y pianista.

La música ha estado presente toda su vida gracias a ella, una mujer convencida de que este arte era tan importante como las matemáticas, la lectura y la escritura en la formación de sus hijos. Todo ocurrió de manera natural, orgánica. Kent Nagano no fue lo que se conoce popularmente como el “niño prodigio”, su madre tampoco quiso que lo sea. Aprender música “nunca fue un medio para un fin” durante la infancia, recuerda en su autobiografía titulada Classical Music: Expect the Unexpected (2019).

Este libro resulta inspirador porque el maestro Kent Nagano relata sus experiencias no solo para un lector dispuesto a conocer su vida, sino para dejar lecciones importantes a través de ellas. Rinde homenaje a su venerado primer profesor de música Wachtang Korisheli (1921-2015), un artista georgiano víctima de la dictadura de Stalin, que se entregó a la enseñanza musical para cambiar el destino de los niños de Morro Bay. “En poco tiempo logró transformar nuestro pueblo en un oasis musical”, relata. Y fue así como, desde pequeño, aunque tal vez no muy consciente debido a su juventud, vio el poder transformador de la música. 

Su adolescencia fue más dura, sobre todo por el contexto que le tocó vivir: los años sesenta. Kent Nagano recuerda con claridad el asesinato del presidente John F. Kennedy (1963), el de Malcolm X (1965), el de Martin Luther King (1968) y el de Robert Kennedy (1968). A este shock generalizado en los Estados Unidos se sumó la guerra de Vietnam. Sentía que estaba dejando la música en un segundo plano pero, a pesar de ello, eligió esta carrera junto a sociología en la Universidad de California. Fue durante la juventud que comprendió mejor la importancia de la disciplina y el trabajo duro para la música.

Profundizar en este arte como intérprete también lo ha llevado a preguntarse a lo largo de su carrera sobre la presencia de la música en la vida del ser humano, incluso en los momentos más difíciles. Veamos cómo, por ejemplo, su amigo Olivier Messiaen compuso y estrenó el Quatuor pour la fin du temps (El cuarteto para el fin de los tiempos) mientras era prisionero de guerra de la Alemania nazi en 1941.

Y es que la música tiene el poder infinito de emocionarnos, pero además es un soporte para el ser humano en todo momento y, especialmente, en tiempos de crisis, como los que vivimos hoy. Una pandemia, la desinformación, el fanatismo, la intolerancia, el abuso son asuntos de todos los días. Pero la música está ahí. Siempre dispuesta a rescatarnos. 

Nagano está en Europa y se tomó un tiempo para atenderme a través del teléfono con su voz serena y cordial. Para muchos, hablar de música en tiempos en que —dicen ellos— hay “asuntos más importantes” puede parecer banal. Para nosotros, es un diálogo necesario en un momento en que se necesita a la música, a los músicos, a los compositores y a los oyentes más unidos que antes.

El maestro ha dedicado muchos años a las orquestas con las que ha trabajado. Ha sido director musical titular de la Berkeley Symphony Orchestra (1978-2008), de la Opéra National de Lyon (1988-1998), de la Hallé Orchestra (1991-2000), de la Orchestre Symphonique de Montréal (2006-2020). Además, ha sido director musical general de la Ópera Estatal de Baviera (2006-2013), director principal y director musical de la Ópera de Los Ángeles (2001-2006). Actualmente, es el director general de música de la Ópera Estatal de Hamburgo (Alemania). 

En paralelo, dirige un proyecto científico, musicológico y artístico denominado Wagner Readings, que busca revisar en detalle el contexto en el que se creó y estrenó el Anillo del Nibelungo, el monumental ciclo de óperas de Richard Wagner. El objetivo es presentar, próximamente, la tetralogía en una interpretación con sustento histórico. Para ello están analizando desde la pronunciación del alemán de la época hasta los tipos de cuerdas, posición de las manos y tipos de voces que utilizaba Wagner en sus óperas.

Kent Nagano estará virtualmente en América Latina como uno de los invitados principales del Festival Internacional de Música Portillo de Chile. Ahí conversará con Alejandra Urrutia, directora artística del festival, sobre el futuro de la música clásica. Será el miércoles 20 de enero de 17 a 18 horas (en el horario de Chile). La inscripción para asistir a esta charla es gratuita.

* * *

En Expect the Unexpected, Nagano se llama a sí mismo un soñador porque quiere un mundo en el que todos tengan la oportunidad de acceder a la música clásica, como ocurrió con él durante la infancia, como sucedió con los niños de la comunidad rural de Morro Bay en California. Desde América Latina y desde esta página, nos unimos a ese sueño de compartir este arte con todos.

Pablo Macalupú-Cumpén (PMC): Maestro Nagano, en una situación normal tal vez empezaríamos conversando sobre su concierto de anoche y la recepción del público, pero ahora es distinto. Desde el año pasado, el COVID-19 llegó e interrumpió todas las actividades culturales alrededor del mundo. Muchos músicos deben ensayar en casa y algunas salas de conciertos presentan espectáculos online sin que el público se asome. ¿Cree que el virus cambie la manera en que presentamos la música? ¿Qué ocurrirá con la música clásica en el futuro?

Kent Nagano (KN): No estoy muy seguro sobre cómo (el virus) realmente cambiará la forma que interpretamos. No estoy seguro si realmente cambiará el arte de la composición musical para las nuevas generaciones, pero sí estoy casi seguro que cambiará a las instituciones de música clásica. Ya hay muchos ajustes diferentes en las instituciones clásicas como salas de conciertos, orquestas sinfónicas, casas de ópera. Todos hemos tenido que adaptarnos y ajustarnos a la sociedad cambiante del siglo XXI, pero ahora con el COVID-19 es claro que debemos repensar cómo presentamos estas obras.

Probablemente, pasará mucho tiempo antes de que las personas estén cómodas de sentarse juntas en grupos de dos mil o tres mil con un mínimo de circulación de aire. Pasará mucho tiempo antes de que este tipo de presentaciones vuelva. Sin embargo, creo que podemos ser muy optimistas con la música en sí misma, la manera en que la interpretamos. La música clásica continuará. Siempre ha estado ahí y siempre ha superado todo tipo de situaciones desafiantes a lo largo de la historia mundial. Hasta ahora, hemos visto cómo la música continúa, avanza y se expande.

PMC: Y en este momento, ¿cuánta responsabilidad tienen los gobiernos o las grandes empresas alrededor del mundo con los artistas, la música y la cultura?

KN: Esa es una pregunta que cada sociedad debería responder por sí misma. Yo soy de los Estados Unidos de América pero vivo, en este momento, en Alemania. Aquí, como en Francia, que es otro país en el que viví, los gobiernos han asumido una enorme responsabilidad para ayudar, apoyar y asegurar las artes clásicas, no solo la música, sino también el ballet, los museos, la pintura, la exhibición de arte moderno. El gobierno ha estado muy involucrado y tiene una responsabilidad. ¿Por qué ocurre eso? Porque hay un consenso generalizado de que la cultura, tanto las artes escénicas como visuales, refuerzan una identidad social. Se trata de cómo nos vemos, cómo nos expresamos.

Las artes subrayan o encarnan una especie de sistema de valores. Por eso, es muy importante proteger el arte, invertir y tratar de asegurar estas formas, porque ellas mantienen la identidad social. El consumo también es importante, pero esto es temporal. Uno consume algo que, generalmente, desaparecerá en algún momento. La cultura, en cambio, se prolonga durante siglos y siglos en la sociedad. En Estados Unidos tenemos un sistema muy diferente y, al menos, en California, donde yo viví, el gobierno decidió no asumir la responsabilidad. Entonces, ahí nuestras instituciones culturales la están pasando muy mal. De hecho, han tenido que cerrar sus puertas y no han podido presentarse en este momento.

Formar y respetar al público

PMC: Una investigación académica realizada antes de la pandemia analizó la programación de la música clásica a nivel global y expuso cómo, en la mayoría de los casos, la tendencia mundial es presentar y escuchar un repertorio “conservador” de los periodos barroco, clásico o romántico de la música. ¿Qué recomendaría a los programadores con la finalidad de formar nuevas audiencias y abrir los oídos del público a la nueva música?

KN: Hay muchas ideas diferentes sobre cómo atraer a nuevas audiencias, a las generaciones más jóvenes. Es un trabajo constante. Yo encontré el enfoque más exitoso junto con mis orquestas centrándonos, fundamentalmente, en unas pocas cosas. Primero, la calidad. Una calidad absolutamente superior. La mejor. Si a alguien le das a escoger entre algo de calidad superior y mediana calidad, creo que todos, todos los que conozco personalmente, eligen una calidad superior. Incluidos los más jóvenes. Especialmente, mi hija (risas). Ella siempre escoge la mejor calidad. 

En segundo lugar, la mayoría de personas, sobre todo los más jóvenes, no aceptan el status quo. No aceptan la rutina por el simple hecho de que ya hicieron algo de esa manera ayer. No aceptan el hecho de que nosotros debamos hacer exactamente lo mismo hoy y mañana. Por lo tanto, el status quo debería cuestionarse con mucho cuidado. 

Finalmente, es muy peligroso subestimar la sensibilidad y la inteligencia de tu público. Si crees que tu audiencia es inferior a ti o, de alguna forma, menos que tú, esa es la vía más rápida de perder público. Realmente, es muy peligroso subestimar lo que las personas son capaces de sentir o percibir.

Con esos tres simples principios, en Berlín, en Munich, en Montreal y en Hamburgo empezamos a llevar a las orquestas al repertorio del siglo XXI y nuestros auditorios, todos ellos, tuvieron localidades agotadas y estuvieron llenas de gente joven. Estos principios sobre la sensibilidad humana son fundamentales y pienso que si perdemos contacto con ellos seríamos cínicos. Si eso ocurre, perderemos a nuestras audiencias. 

PMC: Su repertorio es increíblemente amplio, abarca más de tres siglos de música. Desde las obras del barroco hasta el Concierto para violín “Adrano” de Samy Mousse (estrenada en 2019). ¿Tiene algún periodo favorito en la historia de la música?

KN: Realmente, no hago diferencias entre los periodos de la historia de la música en términos de favoritos o no favoritos. Prefiero la música realmente buena. Si uno ve el periodo barroco, así como hay música buena, hay música bastante mala que no aprecio. En la música moderna, como en la escrita hoy, también hay mucha mala música que no aprecio. Para mí, en verdad, una composición destaca por su calidad y por cuán única es, qué tan bien está escrita la pieza. Eso es lo que hace que vuelva a ella una y otra vez. A menudo digo que el compositor perfecto o el compositor que escribió música perfectamente fue Johann Sebastian Bach, así que siempre vuelvo a Bach. Lo hago inclusive en mi casa, en mi propio piano. Siempre vuelvo a Johann Sebastian Bach.

Maestro Kent Nagano dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Montreal en 2017 (Fotografía: Antoine Saito)
Maestro Kent Nagano dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Montreal en 2017 (Fotografía: Antoine Saito)
Tras las huellas de Wagner

PMC: Usted es general manager de un proyecto muy interesante llamado Wagner Readings que busca presentar por primera vez el ciclo del Anillo del Nibelungo desde una perspectiva de la interpretación histórica. Como ocurrió con la ópera italiana y la llamada “tradición”, ¿cree usted que eso también afectó la forma de interpretar y dirigir la música de Wagner?, ¿podría contarnos más del proyecto?

KN: Sí. El proyecto surgió porque hasta ahora no ha habido un estudio científico de la música de Wagner. Así ocurrió, como mencionaste, a partir de la década del setenta, con un interés científico y musicológico por estudiar la ópera italiana y la música barroca. Cuando investigas esto, no significa necesariamente que la forma en que interpretas esta música es mejor o peor. No hay una sola forma de interpretar una pieza musical. Sin embargo, para un intérprete, para un músico, para los artistas, es realmente importante comprender el contexto en el que un compositor ha escrito su música. Ahí entiendes cuáles fueron sus ideales, su visión o la esperanza que tenía un compositor al momento de crear sus piezas. 

El caso de Wagner se da en un momento particular muy interesante. Wagner escribió en un tiempo de la historia en que hubo muchos conflictos. Era una época de revolución. También hubo pandemia, oleadas repetidas que ocurrieron en el siglo XIX como sucede hoy. Además, la revolución industrial tuvo un impacto abrumador; y, por supuesto, la contaminación, el cambio climático. Wagner escribió en una época de la historia que, en muchos sentidos, puede asemejarse a la época en la que vivimos ahora. ¿Qué significa esto? Esto significa que Wagner tenía su visión, sus ideales y sus esperanzas, pero al mismo tiempo estaba al margen trabajando muy, muy duro. 

Wagner usó diferentes instrumentos: la tuba wagneriana, por ejemplo, o instrumentos que eran mitad madera y mitad metal. Una especie de instrumentos de transición. Debido al rápido desarrollo de la tecnología producto de la revolución industrial, él llevaba ambos a las orquestas y a las salas de concierto que eran cada vez más y más grandes.

Las voces también cambiaban. ¿Qué quería Wagner con sus voces? Pocas personas recuerdan que la primera Isolde que el mismo compositor eligió para su ópera era una cantante de opereta. Creo que la mayoría de las personas, hoy, no dirían que las grandes sopranos wagnerianas son cantantes de opereta sino algo muy diferente. ¿Por qué eligió una voz ligera de opereta para Isolde? ¿Cuál era el sonido de la orquesta? ¿Cuáles eran sus prioridades? ¿Cómo tocaban los intérpretes de cuerdas en las orquestas en plena era de los virtuosos, en tiempos en que llegaban diferentes tipos de cuerdas a los instrumentos y había diferentes prácticas del rubato, del glissando? Todos estos puntos nunca se han investigado a fondo en el contexto de lo que sucedía en términos de voces. Por eso, el proyecto está tomando su tiempo. 

Finalmente, en 2022-23 comenzaremos a interpretar el Anillo. Empezaremos con Rheingold y luego las otras óperas de la tetralogía. Así que vamos paso a paso y, por último, seremos capaces de producir un documento científico que resuma toda nuestra investigación. 

Una vez más, esto no se trata de decirle a la gente cómo se debe interpretar a Wagner, sino de ofrecer a los intérpretes una perspectiva de lo que Wagner tenía como prioridad. Lo que Wagner valoraba y trataba de lograr. Y esto ayuda al intérprete a comprender cómo debe asumir su ejecución.

PMC: ¿Este proyecto incluirá también algún trabajo sobre la dirección escénica como en los tiempos de Wagner?

KN: Estamos estudiando la presentación en el escenario, pero sobre todo estamos estudiando con mucho cuidado las imágenes. Todo tipo de imágenes previas a la era de la fotografía. Miramos con cuidado litografías, pinturas, algunas fotos de producciones posteriores. Queremos ver también cuál era la posición de la mano en los instrumentos de cuerda para entender cómo se hacía la ornamentación, o el portamento o qué cuerdas usaban. Eso nos ayudará a entender qué posición debe tener la mano cuando se interpreta una obra de Wagner. Además, miramos con mucho cuidado al cantante, pero no es parte de nuestra investigación en este momento recrear la puesta en escena del siglo XIX. Principalmente, nos estamos enfocando en la música.

PMC: Finalmente, maestro Nagano, ¿cómo la música cambió su vida? 

KN: ¿Mi vida? (Risas) Ah, bueno, en mi caso, como en el de muchos colegas, mi exposición a la música comenzó incluso antes de mi nacimiento. Mi madre era pianista y, aparentemente, antes de que yo nazca tocaba el piano con bastante frecuencia. Yo le indicaba por dentro si estaba o no satisfecho. Dicen que me movía mucho cuando la música era agradable y si no me gustaba podía ser algo desagradable. Cuando nací, empecé a estudiar música muy joven, principalmente piano. Era parte del coro de niños de la iglesia. La música siempre estuvo ahí.

Entonces, creo que cambió mi vida porque, desde un punto de vista social, Estados Unidos siempre ha tenido un poco de tensión dentro de la comunidad, entre personas de diferentes orígenes, diferentes costumbres. Tenemos un historial de mucha tensión, pero la música permite un tipo de evolución diferente, un tipo distinto de crecimiento. Tú puedes tocar música sin que importe tu origen. Así que la música fue para mí una forma maravillosa de atravesar todos esos momentos inestables en la historia de los Estados Unidos como los años sesenta y setenta. También mantuvo viva mi imaginación y me permitió soñar.  Por eso considero que la música es libertad.

Los álbumes más recientes de Kent Nagano:

Conciertos para violín y orquesta de Ginastera, Bernstein y Moussa. Sello: Analekta. Publicado en octubre de 2020

St. Luke Passion, de Krzysztof Penderecki. Grabada en vivo. Sello: BIS. Publicado en junio de 2020

Pablo Macalupú-Cumpén

Pablo Macalupú-Cumpén

Lima, 1990. Fundador de CamelloParlante.com | Periodista musical. He trabajado en TV Perú y colaborado con medios como la revista Caretas y Radio Filarmonía, e instituciones como la Sociedad Filarmónica de Lima, Festival Granda y Asociación Romanza. Escribo en Camello Parlante desde 2007. Hago una maestría en musicología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. He realizado investigaciones sobre medios de comunicación y prensa cultural. Recientemente, publiqué un artículo académico sobre Ópera en Lima en Antec, revista de investigación musical de la Universidad Nacional de Música del Perú.

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