Camello Parlante
Eliahu Inbal dirige Shostakovich

Shostakovich: Sinfonía N.º 11 dirigida por Eliahu Inbal

Dmitri Shostakovich: Symphony No. 11, The Year 1905 (Sinfonía N.º 11, El año 1905).

SWR Symphonieorchester – Dirección de orquesta: Eliahu Inbal

Sello: SWR Classic (SWR).
Distribuido por Naxos


A estas alturas del siglo XXI todo parece estar dicho sobre las sinfonías de Dmitri Shostakovich. Sin duda, son consideradas como el testimonio musical más complejo y relevante de la tragedia de la humanidad durante el siglo XX. Como todo corpus musical desarrollado en diferentes estadios históricos, cada sinfonía está envuelta en una nube de polémicas y diferentes interpretaciones, realizadas por el compositor, por biógrafos soviéticos “oficiales” o por “metamemorias” recogidas por terceros que reconstruyen palabras fuera de la escena del propio Shostakovich. 

Lo objetivo es que la vida creativa de Dmitri Shostakovich estuvo signada por la vigilancia artística, la amenaza de la condena y el terror; como también, por la glorificación oficial derivada del régimen soviético y sus vaivenes. La creación artística de Shostakovich fue un complejo juego del “gato y el ratón” entre la política cultural del régimen soviético y su propia voz creativa.

El periodo posterior a la muerte de Iósif Stalin en 1953 fue la etapa del deshielo cultural, que dejó atrás la condena oficial del Decreto del Comité Central del Partido Comunista Soviético, inspirado por Andréi Zhdánov, máximo responsable de la cultura del régimen, que había condenado por formalista a compositores de la talla de Shostakovich, Sergei Prokofiev, Aram Khachaturian, entre otros. Precisamente, es en esta etapa de deshielo cultural que Shostakovich vuelve a la forma sinfónica de proporciones más clásicas; se puede ver en la Sinfonía N.° 10, estrenada en 1954, considerada como su propia celebración ante la desaparición de Stalin. 

En 1957, con motivo del cuarenta aniversario de la Revolución de Octubre, los compositores más prominentes presentaban obras festivas alusivas a la conmemoración. Shostakovich no fue la excepción y empezó a componer su nueva sinfonía en 1956.

Esta dimensión oficial determinó el espíritu de la nueva sinfonía, estrenada en 1957. Su estilo nos coloca ante una de las obras más descriptivas de Shostakovich. Más cercana a un poema sinfónico en cuatro movimientos, siguiendo la tradición de aquellas piezas destinadas a glorificar episodios de la historia rusa.

El motivo de la Sinfonía N.° 11 son los sucesos de 1905, cuando las protestas obreras en San Petersburgo, culminaron con una masacre en la Plaza del Palacio, convirtiéndose en la señal para un levantamiento general por todo el Imperio Ruso. Esto obligó al zar Nicolás II a contener la autocracia del régimen, embarcándose hacia un sistema constitucional morigerado.

Ese momento histórico es el marco formal sobre el cual Shostakovich despliega los movimientos de su sinfonía. Sus motivos musicales son una sucesión de citas de cantos revolucionarios rusos, cuya evocación constituye la nervadura musical de la sinfonía. En su totalidad, la obra resulta de tal carácter descriptivo que la asemeja a la banda sonora de una película. De hecho, fragmentos de esta y otras sinfonías de Shostakovich han sido utilizadas posteriormente como fondo de la película muda El Acorazado Potemkim (1925) de Sergei Eisenstein, en una clara armonización entre los sucesos de las imágenes y la música.

Una nueva y notable grabación

Naxos cada día nos sorprende por la calidad de sus registros e intérpretes. En esta oportunidad, a través del sello SWR Classic nos trae al experimentado director Elihau Inbal al frente de la Orquesta Sinfónica de la SWR (siglas en alemán de Radiodifusión del Suroeste). Este elenco se ha consagrado con mucha actividad artística y producción discográfica. Su titular actual es Teodor Currentzis.

La grabación de la Sinfonía N.º 11 de Shostakovich dirigida por Inbal en 2018 y publicada en marzo de este año confirma el prestigio de dicha orquesta. Principalmente, por el volumen, la claridad y precisión de sus cuerdas, cuyas sutilezas se aprecian en el primer movimiento (adagio) La plaza del Palacio, brindándonos la sensación de velos sonoros, de una niebla física, mientras a la distancia los timbales y las trompetas anuncian un evento ominoso. El cuerpo de vientos ofrece las melodías nítidas de los cantos revolucionarios con espíritu doliente.

La misma precisión y lectura se encuentra en el segundo movimiento (allegro) El 9 de enero, en el cual podemos apreciar la calidad de la música cinematográfica de Shostakovich. Los eventos surgen en nuestra imaginación con la sola escucha de la música, plena de arpegios, notas ascendentes y la repetición casi histérica de los cantos revolucionarios que culminan con la marcha terrible de los ejércitos avanzando sobre la multitud. Aquí, los bronces y la percusión brindan su interpretación marcial, pero sin caer en las exageraciones sonoras existentes en otros registros.

Eliahu Inbal logra manejar con mano firme la paleta orquestal para evitar un desbalance sonoro entre cuerdas, percusión y metales. Quizás este movimiento confirme las memorias de Solomon Volkov, quien dijo que el propio Shostakovich describía con mayor realismo a través de su música, no los lejanos sucesos de 1905, sino las matanzas en las calles de Budapest por las tropas soviéticas, durante el levantamiento húngaro de 1956, más lacerantes para su inspiración por su contemporaneidad periodística. 

El corazón de la sinfonía se encuentra en el tercer movimiento (adagio) In memoriam, construido sobre una variación de la marcha fúnebre revolucionaria Vy zhertvoyu pali (Caíste víctima traducida también como Caíste en la dura lucha). Este pasaje es el clímax emocional de toda la obra porque el carácter funéreo y reflexivo arriba a un tutti orquestal, similar a la técnica de Piotr Tchaikovsky, que expresa la exaltación no sólo musical, sino también emocional, por parte del oyente ante las víctimas de la represión zarista. Aquí, la densidad y la claridad de las cuerdas de la orquesta alcanzan su máximo esplendor, no solo por su interpretación, sino también, por su punzante expresividad. 

Todo el ardor revolucionario y la tragedia se desencadenan en el último movimiento (allegro non troppo) Tocsin / La alarma, en el cual Shostakovich vuelca toda su capacidad descriptiva de carácter heroico para colocar al oyente en la vigilia de sucesos que están por venir. En esta parte de la sinfonía, los bronces y la percusión cumplen su cometido con notable equilibrio, sin empastar el sonido de las cuerdas. El manejo de las pausas y de los silencios por parte de la batuta de Inbal contribuye a crear el clima apropiado de final dramático y marcial, pero sin caer en manierismos orquestales, ni en la histeria y barullo final que se escucha en varios registros. 

En conclusión, estamos ante una grabación impecable de la Sinfonía N.° 11, digna de ser integrada a la galería de los discos más notables de este obra realizados en las primeras dos décadas del siglo XXI. La dirección de Eliahu Inbal y la interpretación de la Orquesta Sinfónica de la SWR de Alemania siguen los patrones de ejecución de las grandes orquestas europeas. Cuentan con un estilo y contención que presentan a la partitura como una expresión musical equilibrada; además de los destellos emocionales que resaltan el gigantesco fresco sinfónico-histórico compuesto por Dmitri Shostakovich.  

Conoce más sobre esta grabación en el catálogo oficial de SWR

Ariel Campero

Ariel Campero

Melómano y diplomático. Fue Secretario de Cultura y Turismo de la Embajada de la República Argentina en el Perú hasta el año 2020.

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